Mostrando entradas con la etiqueta JULIO CARMONA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JULIO CARMONA. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de febrero de 2013

A CARMELA, CON AMOR

Por: Julio Carmona
 
Eduardo González Viaña (derecha) es, hoy por hoy, uno de los más prolíficos novelistas peruanos (descontando, tal vez, a Mario Vargas y a Alfredo Bryce). Pero esto no sería destacable, si no fuera acompañado de excelencia. Son varias las cualidades que subrayan esa valía: su prosa fluida y amena, un ingrediente humorístico muy bien dosificado, la singular construcción de sus historias, el desarrollo impecable de sus personajes, la descripción precisa de los ambientes, desechando cualquier barroquismo trasnochado. Ubicable nuestro autor y su obra en la ya reconocida generación del 60 de la literatura peruana, no existirá mezquindad capaz de regatearle esta ubicación ni esa calidad aquí relevadas.
Siempre estaré reconocido a Internet, medio electrónico utilísimo, que me ha permitido establecer contacto con tan destacado narrador de Nuestra América. Así como recibo sus mensajes, siempre motivadores, del "Correo de Salem", lo mismo ocurre con algunos emails personales (o llamadas telefónicas) a través de los cuales intercambiamos opiniones sobre temas literarios. Todo ello habla de su calidad humana, de una sencillez y jovialidad encomiables, no empañadas por la situación expectante con que su obra destaca en el consenso de la literatura americana.
Él ha tenido la generosidad de enviarme su novela El amor de Carmela me va a matar (Lima, Editorial Universitaria: Universidad Ricardo Palma, 2011). Y la he leído de un tirón. Es una novela que tiene la virtud de atrapar al lector (al menos, lo ha hecho conmigo) y de conducirlo, de sorpresa en sorpresa, hasta la última línea. Son sorpresas que incluso causan cierta desazón, porque -como en los encabalgamientos del verso- el lector piensa que la historia toma un "camino equivocado", es decir, un camino que no se desea: la muerte de la protagonista. Pongo el ejemplo puntual. El capítulo XXVIII, se titula : "No seas loca, mamá", está formado por un email que el hijo de la protagonista le dirige, haciéndole una reconvención por su -según él- descabellada decisión de abandonar USA y regresar a su natal Santa Marta, Colombia. Por supuesto, el hijo piensa (como toda la familia, incluido el ex-esposo y las amigas) que a Carmela le está yendo de maravillas en el país sin nombre. Pero es todo lo contrario. Y no es que el amor de Carmela vaya a matar a alguien, sino que Carmela sin amor ya se siente muerta en vida. Y faltando, pues, ya tres capítulos para que termine la novela, el XXIX, lleva este título "decepcionante": "Muerte de la madre". ¡No! ¿O sea que va a morir Carmela? Pero no es así. Era una táctica narrativa para mantener el suspenso. Y, en realidad, quien muere es la madre de Carmela.
En la solapa del libro hay algunos comentarios que relevan el leitmotiv del libro: el drama de los inmigrantes en USA. Y, en efecto, Carmela lo es; pero, a sus años (una mujer ya bastante madura, pero no "descartable", para usar el término que describe a la perfección el consumismo de la sociedad gringa), no ha viajado a USA para conseguir trabajo y realizar el "sueño americano". No. Ella ha sido conquistada, a través de Internet (¡también para esto se presta!), por un gringo que le ofrece matrimonio. Y le envía sus pasajes de ida y vuelta. Pero la "realidad" es otra. En realidad, es un sujeto desquiciado que, prácticamente, la secuestra y la chantajea por su condición de ilegal (que él ha propiciado), y la hace trabajar para él, como una esclava.
Entonces, se tiene que hacer un ajuste a lo señalado arriba. El leitmotiv no es, en el fondo, "el drama de los inmigrantes". Este es, si se quiere, su decorado, su parafernalia. En esencia "el amor de Carmela..." es el símbolo del engaño al que están sometidos los pueblos dependientes del imperio (de cualquier imperio). Que ven a la metrópoli como el faro que anuncia la salida del vendaval. Y que -pasado el relumbrón- no era sino la luz del candil que atrae a la mariposa nocturna.
Y esta decepción que es, por cierto, un tema dramático, en esta novela no se desvía hacia lo melodramático, lo cual se logra con ciertas pinceladas de humor que -ya lo adelanté al comienzo- tienen la virtud de estar bien dosificadas. Y entonces podemos decir que asistimos al desarrollo de una tragicomedia. Porque, si bien Carmela sucumbe, primero, a la voz meliflua de su primer esposo, y logra rebelarse en busca de su libertad; sin embargo, vuelve a ser víctima de otro canto de sirena. Que tampoco logra destruirla. Tal vez, como el Ulises mitológico, se ha hecho inmune a esos encantos. Y tiene la capacidad de reaccionar, con ciertos efectos, al final, de la novela policial; pero con la efectividad del mensaje alentador que, repitiendo al poeta, sentencia: "todos los incurables tienen cura/ cinco segundos antes de la muerte."
 

sábado, 1 de septiembre de 2012

UNA CLASE INOLVIDABLE

Nota: la siguiente clase la reportó el catedrático y literato Julio Carmona.

"Introducción al Derecho"

Esa mañana cuando nuestro nuevo profesor de "Introducción al Derecho" al entrar en la clase lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:
-¿Cómo te llamas?-"Me llamo Juan, señor".
-¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! - gritó el desagradable profesor.
Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.
-"Está bien. ¡Ahora sí! ¿Para qué sirven las leyes?... "Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta:
-"Para que haya un orden en nuestra sociedad"
-"¡No!" contestaba el profesor
-"Para cumplirlas"
-"¡No!"
-"Para que la gente mala pague por sus actos"
-"¡¡No!!
-¿¡Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta!?"... -"Para que haya justicia", dijo tímidamente una chica.
-"¡Por fin! Eso es... para que haya justicia. "Y ahora ¿para qué sirve la justicia?"Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera.
Sin embargo, seguíamos respondiendo:
-"Para salvaguardar los derechos humanos"
-"Bien, ¿qué más?", decía el profesor.
-"Para discriminar lo que está bien de lo que está mal"...
-"Para premiar a quien hace el bien."
-"Ok, no está mal pero... respondan a esta pregunta: ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?..."Todos nos quedamos callados, nadie respondía.
-"Quiero una respuesta decidida y unánime"-¡¡¡No!!! - dijimos todos a la vez.
-"¿Podría decirse que cometí una injusticia?"¡Sí!
-"¿Por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica?  Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!"... "Vete a buscar a Juan" - dijo mirándome fijamente.Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de Derecho.
Cabe agregar:
"Todo lo necesario para que triunfe el mal, es que las personas de bien no hagan nada al respecto...".

domingo, 5 de agosto de 2012

EL CEREBRO DESPUÉS DE LOS CINCUENTA

Por: Julio Carmona
El Dr. Juan Hitzig es autor del libro "Cincuenta y tantos" Cuerpo y mente en forma aunque el tiempo siga pasando. En la página de Gerontología de la Universidad Maimónides se lee: No hay duda de que el ser humano vive cada vez más. ¿Cómo hacer para que esta longevidad no sea una acumulación de dolencias y enfermedades, sino una etapa vital, plena de experiencias y desarrollo personal?
Las ideas centrales de este libro se basan en investigaciones que demuestran que alrededor de los cincuenta años se encuentra el Punto de Inflexión Biológica que define en qué forma envejeceremos. Profesor de la Universidad Maimónides y reconocido gerontólogo dedicado a  estudiar las causas de la longevidad saludable sostiene con humor que:
"El cerebro es un ‘músculo' fácil de engañar; si sonríes cree que estás contenta y te hace sentir mejor".
Explica que el pensamiento es un evento energético que transcurre en una realidad intangible pero que rápidamente se transforma en emoción (del griego emotion, movimiento), un movimiento de neuroquímica y hormonas  que cuando es negativo hace colapsar a nuestro organismo físico en forma de  malestar, enfermedades e incluso de muerte. Con los años, el Dr. Hitzig ha desarrollado un alfabeto emocional que conviene  memorizar.
Las conductas con R:
Resentimiento,
Rabia,
Reproche,
Rencor,
Rechazo,
Resistencia,
Represión.........  Son generadoras de coRtisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales ya que aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares.
Las conductas R generan actitudes D:
Depresión,
Desánimo,
Desesperación,
Desolación.
En cambio, las conductas con S: 
Serenidad,
Silencio,
Sabiduría,
Sabor,
Sexo,
Sueño,
Sonrisa,
Sociabilidad,
Sedación......... son motorizadoras de Serotonina, una hormona generadora de tranquilidad que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda la velocidad del envejecimiento celular.
Las conductas S generan actitudes A:
Animo,
Aprecio,
Amor,
Amistad,
Acercamiento.
Fíjate que así nos enteramos de que lo que siempre se llamó "hacerse mala  sangre" no es más que un exceso de cortisol y una falta de serotonina en la  sangre.
Algunas reflexiones más del Dr. Hitzig:
• Presta atención a tus PENSAMIENTOS pues se harán PALABRAS.
• Presta atención a tus PALABRAS pues se harán ACTITUDES.
• Presta atención a tus ACTITUDES porque se harán CONDUCTAS.
• Presta atención a tus CONDUCTAS porque se harán CARACTER.
• Presta atención a tu CARACTER porque se hará BIOLOGIA.
Practiquemos. 
Hace muchos años el poeta Rabindranath Tagore decía: "Si tiene remedio, ¿de qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿de qué te quejas?"  Podría servirnos para aprender a dejar las quejas y los pensamientos negativos de lado y buscar en cada situación el aspecto positivo ya que hasta la peor de  ellas lo tiene. De esa forma nos inundaría la SEROTONINA con todas sus eses, la sonrisa se nos  grabaría en las mejillas y todo ello nos ayudaría a vivir mucho mejor ese montón de años que la ciencia nos ha agregado. Porque, olvidaba escribirlo, el Dr. Hitzig ha comprobado con sus investigaciones  que quienes envejecen bien son las personas ACTIVAS, SOCIABLES Y SONRIENTES.
No las rezongonas, malhumoradas y avinagradas (que nadie quiere tener cerca).
Empecemos hoy practicando las eses frente al espejo para mejorar nuestro humor y cuidar nuestra salud. ¿Estás de acuerdo con el alfabeto emocional? ¿Qué abunda más en tu vida, R o S?
Suena lógico ¿verdad? Finalmente todo es cuestión de actitud.

SABES LO QUE PIENSAN LOS POLÍTICOS Y LOS FUNCIONARIOS DE LA ADMINISTRACIÓN PUBLICA

Enviado por el poeta JULIO CARMONA, docente de la Universidad Nacional de Piura.

Sin alusiones personales o institucionales, pero al que le cae el guante que se lo chante.


> Nosotros cumplimos con lo que prometemos.
> Sólo los necios pueden creer que
> no lucharemos contra la corrupción.
> Porque si hay algo seguro para nosotros es que
> la honestidad y la transparencia son fundamentales
> para alcanzar nuestros ideales
> Demostraremos que es una gran estupidez creer que
> las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos
> Aseguramos sin resquicio de duda que
> la justicia social será el fin principal de nuestro accionar.
> Pese a eso, todavía hay idiotas que fantasean - o añoran - que
> se pueda seguir gobernando con las mañas de la vieja política.
> Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que
> se acaben las jubilaciones de privilegio  la célula viva y los negociados.
> No permitiremos de ningún modo que
> nuestros niños mueran de hambre..
> Cumpliremos nuestros propósitos aunque
> los recursos económicos se hayan agotado.
> Ejerceremos el poder hasta que
> Comprendan desde ahora que
> Somos la 'nueva política'.
 
Ahora léelo de abajo... hacia arriba

domingo, 13 de mayo de 2012

MADRE DE TODOS LOS DIAS

Madre de todos los días
Y de esta noche social,
Madre que sufres y olvidas
Porque sabes perdonar.

Madre que frente al abismo
De la mentira y la muerte
Te yergues con tu cariño
Que es tu arma más potente.

Madre de la patria, madre
Del sol, la tierra y la espiga,
en tu pecho hay vendavales
Para defender la vida.

Madre buena como el pan
Cuando alimentas a tu hijo,
Pero violento volcán
Contra el chacal y el felino.

Madre de todos los días,
Te yergues con tu cariño
Para defender la vida
Contra el chacal y el felino.
 
Julio Carmona

lunes, 30 de abril de 2012

TODOS SOMOS "NACIÓN CULEBRA"


                                         
Reseña: Julio Carmona
Nación Culebra es la que nació contigo y sinmigo y es de trigo y de agua y de calor, como todo corazón que aprendió a latir sin tutores ni proselitismos. Esa que recorre los territorios más ásperos o ríspidos como asimismo los más insospechados de ternura y, sin embargo, tan henchidos de ella. Esa es la nación de la que se ha propuesto hablar Pablo Cingolani en el libro de ese título: Nación culebra. Nación de la que él mismo ya es parte. De la que ya no puede desarraigarse.  
Desde que supe de la existencia de la selva (en la lejana cueva de la escuela) hasta que pude rozar los labios del Ucayali (muy levemente) se adueñó de mí la sensación de que un extraño hechizo la domeña. Y después de haber leído el libro de Pablo y de haber recibido su propia confesión de haber enraizado en Bolivia (por más de veinte años) y sin ánimo de volver a su natal Argentina, siento que estoy ante la confirmación de esa sospecha.

Pablo Cingolani ha recorrido la selva boliviana, peruana y brasileña. Y se ha convertido en el defensor de su pureza. Su libro es una requisitoria a favor de sus fueros amenazados por una niebla de miseria. Pero más que un simple reclamo ecologista (que también lo tiene) su demanda –hecha con apasionada firmeza– es por el habitante de esa enmarañada hermosura, por el ser humano que sistemática y consuetudinariamente viene siendo diezmado en nombre de un progreso y una civilización devastadores, sin el menor resquicio de preservación de su ser mismo, de su cultura, de su poesía de su poder de creación.

El libro de Pablo tiene fundamentos antropológicos, se ampara en argumentos sociopolíticos y hasta tiene el respaldo de una juridicidad milenaria, pero lo más importante es que reivindica con su propio andamiaje estilístico los valores de la palabra indígena, aboga por su derecho a ser escuchada ella misma. Y se sienten –como en los coros de la tragedia griega– las voces ocultas, pero vivas o echadas a vivir por el propio poder creador de Pablo.

En ese orden de ideas me sentí estremecido por las referencias que hace a nuestro poeta eterno, Javier Heraud, quien ya también se haya integrado a la “nación culebra”, y aparte de proporcionar algunos datos previos a su inmolación (testimonios de su paso por Bolivia) y de narrar el hecho desgarrador de la misma, nos da esta sentida reflexión:

“Los victimarios se solazaron con la victoria: los guerrilleros apátridas, los delincuentes comunistas, los criminales subversivos terminaban así: cocidos en odio y balazos. No sabían que habían matado a un poeta. No sabían que Guillén y Neruda llorarían por él. No sabían quién era Guillén ni tampoco quien era Neruda y menos que el muerto era Javier Heraud, el más estremecedor de todas las voces de la selva desde afuera de la selva, pero que hizo de la selva, no sólo su tema, sino también su tumba. Ino Moxo, ese día, estaba distraído, pero igual lloró por él. Yo lo siento…yo lo sé.”

Y se puede agregar: los victimarios no sabían que Javier Heraud entraba al templo de la vida y que ellos entraban al cementerio del olvido. Por eso, Pablo nos aporta la versión de su sobrevivencia en el revolucionario “Comando Javier Heraud” que hizo volar un puente que unía la carretera bioceánica sobre el río Madre de Dios, y que iba a ser inaugurado con bombos y platillos, con la presencia de los presidentes de Brasil (Lula) y Perú (Alan), el de Bolivia (Evo) se enteró de la voladura, antes de ir, y desistió de hacerlo. Ese puente significaba un avance infausto de la depredación amazónica. Dice Pablo: “El puente de marras, tiene el afán de concretar la unión, a través de carreteras, de los dos océanos del hemisferio occidental, a través de la selva. Ya lo dije: es el principio del fin para la Amazonía y el punto culminante del genocidio aborigen. Pero, sucede –¡mi corazón me anda pidiendo una victoria!– que los ingenieros de la empresa constructora de la obra fracasaron en sus cálculos, y el río, el río donde lo asesinaron al poeta, se anda defendiendo.” Es decir, que la voladura del puente fue la justicia fáctica de los habitantes de la nación culebra; pero antes se había dado la expresión de la “justicia poética”, pues la obra de ingeniería misma tenía fallas estructurales. Y los fautores de esa empresa de exterminio se quedaron con los crespos hechos.

Debo confesar que, al menos, yo no conocía de esa acción reivindicativa del “Comando Javier Heraud”, tal vez porque en Perú los medios de desinformación ocultaron el hecho. Pero el libro de Pablo Cingolani sí lo hace porque es fuente de información de ese mundo oculto y bello que la cultura oficial nos presenta sólo como tema de tarjeta postal, como frívolo medio de publicidad turística. Y “Nación Culebra” se convierte en una incitación a desnacionalizarse de la nación oficial, y a adoptar su nacionalidad de hombres libres para unirnos a la lucha de preservar su libertad.

domingo, 29 de abril de 2012

DERECHOS DE AUTOR


Es obligación de todo docente desarrollar un espíritu crítico y, asimismo, estimularlo en sus alumnos. Sin él lo más probable es que se padezca abusos o desinformaciones y, lo que es peor, mantenerse impasible ante ellos, es decir: permitir el abuso o internalizar el error. Frente al deber hay que someterse. Desde el derecho hay que rebelarse. La rebelión es un derecho frente al abuso. Y es un abuso imponer deberes no consensuados ni previamente aprobados.

Estas reflexiones previas las hago a propósito de un –así llamado– boletín sobre propiedad intelectual publicado por la Facultad de Ciencias Sociales y Educación, cuyo título es, precisamente, Copyright, o sea: “Derecho de autor”. Dicho boletín ha tenido como  equipo editor a tres docentes de nuestra Facultad: Dra. Delma Flores y licenciadas Giuliana Santiago y Alina Antón. Y sugiere ser el compendio de una conferencia dictada por el Dr. Pablo Trelles Dellisanti, de INDECOPI.

Nos vemos en la obligación de suponer, a nuestra vez, que lo planteado en el referido “boletín” no coincide con lo expuesto por el conferencista, porque en aquél hay demasiadas inexactitudes y hasta errores que difícilmente pueden o deben atribuirse al especialista, de lo contrario éste dejaría mucho qué desear como tal. Hecha esta salvedad, paso a analizar el texto referido.

Y, para comenzar, diré que es así como debe llamársele: “texto” y, más específicamente, “texto informativo”, que ha adoptado la forma de un díptico. La denominación “boletín” es inapropiada, pues ésta por definición implica periodicidad y continuidad, lo que no va a ocurrir en este caso, pues desde la presentación se dice que aparece como ‘una elaboración prevista para complementar la conferencia’, y no como una publicación que aspire a ser permanente.

La segunda imprecisión se observa en el hecho de que se divide a la propiedad intelectual en sólo dos categorías: a) Propiedad industrial, y b) Derecho de autor. Y, en relación con la primera, se consignan, por ejemplo, las siguientes creaciones: inventos, modelos utilitarios, diseños industriales, circuitos integrados, ante los cuales cabe preguntarse: ¿todas estas creaciones no tienen autores determinados? Y lo lógico es determinar que toda producción intelectual (tanto en la ciencia, en la técnica o en el arte) deviene propiedad de su productor, por tanto en todas ellas hay “derecho de autor”, y siendo así se ve que hay incongruencia al denominar a sólo una de las categorías con la característica que es común a ambas “derechos de autor”.

Lo indicado era separar dichas categorías en: científica y artística, incluyendo dentro de la científica a las consideradas como “propiedad industrial”. De la otra forma, el razonamiento se hace más insostenible pues sólo se consideran como obras “con derecho de autor” a las literarias, artísticas y científicas, generando así otra confusión, al considerar como “literarias” a las obras científicas, siendo ambas –en esencia– diametralmente opuestas.

Y de ese error deriva que el título más grande de la segunda página del díptico aludido encierre una conclusión aberrante: “¡Tu trabajo de investigación también es una obra literaria!” Y esta incongruencia no sólo genera confusión (aparte de constituir un desfase epistemológico mayúsculo), sino que alienta “falsas expectativas” y “frustrantes ilusiones”, pues no es así: la obra literaria responde a un trabajo especial que no todos pueden alcanzar, porque no significa sólo el dominio de una técnica –que lo hay y no es nada simple– ni siquiera lo garantiza el dominio gramatical –también requerible– sino que exige –condición sine qua non– la vocación, el talento, la predisposición esencial (que no en todos se dan). 

Y, en definitiva, “el trabajo de investigación, una tesis, una conferencia” se desenvuelven en el ámbito de lo informativo y, en el mayor de los casos, dentro de la dimensión científica que, ya hemos adelantado, constituye lo opuesto a lo artístico. Y si la obra literaria se desarrolla en el ámbito de lo artístico, es totalmente descabellado pretender –ni siquiera sugerir– que los textos informativos puedan ser considerados como “obras literarias”.

De toda esta confusión categorial se pasa a elaborar un galimatías sorprendente. Veamos. En la primera página del díptico de marras se lee lo siguiente: “Lo que se ampara en el Derecho de Autor no es el producto en sí mismo sino la información y el conocimiento, cuya característica principal es ser originales, por lo tanto únicos”. Sin embargo, en la segunda página leemos lo siguiente: “No es necesario que las ideas de una obra literaria sean originales.” ¿En qué quedamos, si antes se ha dicho que la originalidad es “característica principal” de la obra cuya propiedad intelectual ampara el Derecho de Autor? Y lo que hace mayor esta incongruencia es que en el Glosario, de la página, cuatro se define a la obra como “Toda creación intelectual personal y original”.

     Por eso es que nosotros siempre hemos reclamado que las disciplinas especializadas deben estar bajo la conducción de los especialistas. Porque los improvisados actúan como el zapatero que, frente a la obra del pintor Apeles, en la Grecia antigua, indicó con mucha razón cierto defecto que ofrecía el calzado del personaje retratado. Alentado por el éxito de su primera crítica, el zapatero quiso juzgar del resto de la pintura, y entonces Apeles lo llamó al orden con la siguiente frase: “Que el zapatero no juzgue más allá del zapato”, lo que traducido al refrán popular queda así: 

“Zapatero, a tus zapatos”.    
     
    Lit. Julio C. Fernández C. Dr.
Docente Principal Especialista en Literatura
Facultad de Ciencias Sociales y Educación
    UNIVERSIDAD NACIONAL DE PIURA

domingo, 1 de enero de 2012

POEMA DE AÑO NUEVO

POEMA DE AÑO NUEVO
Julio César Carmona

Si en mis manos estuviera como un trozo de arcilla
Hacer que el mundo se fuera acercando a maravilla
Moldearía un mundito con todas las de la ley  
Sin pajaritos fritos sin trabajos de buey

Un terreno de juego sin público sólo con jugadores
Una escuela no de maestros sino de aprendedores
Unas fábricas no de patrones sino de trabajadores
Sin burdeles ni garitos ni cárceles de atracadores

Un lugar donde todos tomados de las manos
Recordemos los modos de cuando niños jugábamos
A la ronda de espera para saber si estaba el lobo

Pero en esa otra tierra libres ya de estos ogros
Rondaríamos con una risa tierna y larga
Pues en un mundo sin miedo ya no hay lobo que valga.

SOY LO QUE NO SOY, DICE JULIO CARMONA


SOY LO QUE NO SOY
Julio Carmona

Yo no soy ese peruano que grita en las tribunas “sí se puede”
Y no deja que los gritos de la calle hagan eco en su voz.
Yo no soy ese peruano que da limosna al harapo lastimero
Y olvida que el viento de los andes sigue gimiendo el frío de los siglos

Yo no soy ese peruano que engola la voz con “la flor de la canela”
Y deja que “El Comercio” le reviente los ojos con las fotos de “Somos”.
Yo soy ese peruano que se muerde los puños indignados de vergüenza
Porque la hoz y el martillo siguen siendo símbolos de la esclavitud moderna

Yo soy ese peruano que en su trabajo explica a quien lo escuche
Por qué murió Cristo y el Che y quiénes los mataron en la higuera.
Yo soy ese peruano que canta La Internacional y la Guantamera

Porque la revolución y la alegría no son incompatibles sino siamesas
Yo no soy por último peruano, soy mundano y soy hermano de mis hermanos
Porque yo soy como ellos un camino sembrado de sueños para dos…

domingo, 19 de diciembre de 2010

JULIO CARMONA: CRÍTICA A UN DISCURSO "NOBELADO"

Después de que, en el año 2007, publicara mi libro El mentiroso y el escribidor. Teoría y práctica literarias de Mario Vargas Llosa (que se puede leer en la sección “Libros” de la revista digital argentina http://www.redacionpopular.com/), yo tenía pensado no volver a ocuparme de los escritos de Mario Vargas Llosa. En ese libro pongo en evidencia que su aparato teórico se sustenta en burdas mentiras, y que su narrativa está plagada de errores, todo lo cual devalúa su trabajo literario, el mismo que debe inscribirse dentro del naturalismo, por su exacerbada propensión a la truculencia y el melodrama, y no dentro del realismo, tendencia en la que él mismo se empeña en ubicarse, como lo dice en la Introducción a La verdad de las mentiras, cuando se refiere al escritor realista y habla de “aquella secta, escuela o tradición a la que sin duda (¿) pertenezco.” (No, señor, sí hay duda al respecto).
Y esa decisión de mantenerme en silencio la he puesto en práctica durante todo el tiempo transcurrido desde que le concedieron el Premio Nobel. Lo cual no quiere decir que me hubiera mantenido indiferente (la indiferencia suele ser la máscara del conformismo); preferí participar –en ese lapso– enviando a mis contactos de Internet las opiniones de otros autores, cuya ecuanimidad y buen juicio los hacía merecedores de difusión, pues, en términos generales, centraban el asunto desde dos perspectivas: a) en el caso de los peruanos, reivindicando su derecho a ser excluidos de esa especie de fatamorgana (espejismo o ilusión) que hacía participar “a todos los peruanos” de un generalizado regocijo por el referido premio (como si hubiéramos ganado el mundial de fútbol, se atrevió a decir un conocido poeta) y que el mismo Mario Vargas canonizó al decir con hipertrófica metáfora: “Yo soy el Perú”, y b) en el caso de los opinantes de otros países, confrontando los cacareados méritos literarios del escribidor con sus posiciones ciudadanas, que no están divorciados y que son, como el metal y la imagen de la moneda, expresión de un mismo valor o desvalor.
Pero la publicación y difusión laudatoria que de su discurso han hecho los medios oficiales y cuasi oficiales del Perú, me hicieron ver que Mario Vargas no escarmienta, y que sus hagiógrafos padecen una irredimible ceguera. Sé que los actores de esa farsa son inmunes a la crítica; pero sé también que ésta no se practica con el objetivo de hacerlos “entrar en vereda”, sino como intercambio de experiencias lectoras. Y en tanto todo lo expresado es pasible de contradicción (sólo los axiomas matemáticos se ven exonerados de esa confrontación), voy a expresar aquí mi opinión sobre el referido discurso. Y lo inicio con el siguiente encabezamiento en verso:
Si así como miente escribe
y así como escribe miente
lo más seguro es que vive
como una bella durmiente.
Y la alusión al sueño, del verso, enlaza con la famosa imagen del “nubenauta” que Luis Felipe Angell, Sofocleto, popularizó para referirse a Fernando Belaunde Terry, de quien decía daba la impresión de vivir en el país de las maravillas o que veía al país de las pesadillas, alejado, desde una nube. Y el paralelo no es desfasado si, como lo han precisado otros comentaristas, entre Belaunde y Vargas existió no sólo una vinculación ideológica (que materializó en el FREDEMO) sino una complicidad fáctica en el encubrimiento de la masacre a los periodistas en Uchuraccay, que fue atribuida por aquellos a los campesinos de dicha comunidad andina, hallándose los verdaderos culpables en el entorno presidencial.
Y en la medida que los cargos achacables al discurso en cuestión siguen siendo los de la falacia y el error, me remito a las pruebas. Y se ve que el error se puede verificar desde el título: “Elogio de la lectura y la ficción”. Lo más probable es que Mario Vargas –apabullado por esa suerte de obnubilación que padecen los padres para exagerar la belleza de sus hijos– no se percató del error que hay en el título de su novela Elogio de la madrastra, y lo asumió como mérito transferible a su discurso (que debió haber sido una pieza maestra, impecable o incuestionable). Y es un error que fue detectado por el psiquiatra Carlos Alberto Seguín y que lo planteara en un artículo periodístico, en los siguientes términos: “¿No debería haberse dicho ‘Elogio a la madrastra’ en lugar de ‘Elogio de la madrastra’? En el primer caso se usa la preposición a, que indicaría destino: se elogia a alguien; en el segundo caso de parece más bien indicar que el elogio se origina en la madrastra (pues de ‘manifiesta de dónde son, provienen o salen las cosas o las personas’.”
En el caso del discurso (como una especie de acto fallido) resulta que la lectura y la ficción son las que elogian al nobel discursero, a quien –por ese intríngulis retórico– se puede aplicar el calificativo de “sinuoso”, adjetivo que él usa para referirse al cardenal Richelieu político del siglo diecisiete francés. Sinuosidad aplicable, por ejemplo, a esta expresión del discurso: “En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista”. “Fui marxista” –dijo– como si el marxismo fuera una etiqueta volátil, propia de la sociedad de consumo, que pudiera usarse al desgaire, usable y desechable de consuno como un cambio de medias o de calzoncillos. Y el pretender que esto es así indica de manera incontestable que se está actuando con sinuosidad, la misma que puede ser también probada con lo que afirma en un artículo periodístico titulado "Torear y otras maldades", cuando dice que ”la fiesta de los toros representa una forma de alimento espiritual y emotivo tan intenso y enriquecedor como un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un poema de Vallejo”, es decir, poner los valores del arte de Beethoven, Shakespeare y Vallejo al mismo nivel de una corrida de toros expresa a las claras cómo para justificar sus gustos y regustos puede jalar de los cabellos a las ideas más descabelladas.
Por eso no llama la atención que justifique la injusticia del analfabetismo indicando que, pues, mala suerte, la literatura existe a pesar de él. Y, pues, si los privilegiados alfabetos gozan con la literatura, eso ya es indicio de que el hombre avanza. Y no, señores privilegiados, el hombre no ha avanzado por la literatura; lo ha hecho a pesar de la literatura, porque la mayoría de escritores son del tipo vargasllosiano: individualistas, ególatras y desentendidos del cambio social. Leamos cómo dice lo aquí criticado:
“Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida.”
Pero todo eso, que dice haberse logrado “gracias a la literatura”, ¿cómo se explica “en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era (¿era?... ¡es!) privilegio de tan pocos”?, resulta, pues, que para Vargas la historia y la existencia del mundo civilizado la hacen los pocos individuos que tienen el privilegio de vivir el mundo de la literatura y se convierten en los “rebeldes ciegos” que saben “protestar contra las insuficiencias de la vida”. Pero los que protestan contra las insuficiencias del neoliberalismo, contra las monstruosidades del capitalismo salvaje que él defiende, son “terroristas suicidas”, es decir, para Mario Vargas estos rebeldes reales –no ilusorios– no son aquellos que ponen en juego su vida, que –como decía don Antonio Machado, recordando los versos de Jorge Manrique– “ponen al tablero su vida por su ley, se juegan esa moneda única –si se pierde, no hay otra– por una causa hondamente sentida”; para Mario Vargas éstos son “terroristas suicidas”, de quienes dice que han existido siempre, “desde la noche de los tiempos –y agrega–, pero, incluso en el Japón, donde morir matando en honor del Emperador fue practicado por muchos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, se trató por lo común de casos aislados, incapaces de hacer variar por sí mismos el curso de una guerra. El terrorista suicida moderno, tal como lo hemos visto operar en Irak luego de la invasión que derrocó al régimen de Sadam Hussein y lo estamos viendo actuar ahora en Pakistán y Afganistán, es algo sin precedentes: un instrumento central de la estrategia diseñada por Bin Laden y sus aliados. No consiste en infligir una derrota militar al Gran Satán (Estados Unidos) sino en irlo socavando mediante atentados contra víctimas inocentes y locales civiles, que siembran la inseguridad y el pánico, desordenan el funcionamiento de las instituciones y llevan a los gobiernos, desconcertados ante esa guerra solapada, hecha de golpes súbitos a blancos inesperados, a tomar medidas de seguridad que a veces contradicen de manera flagrante los más caros principios democráticos y violan una de las mayores conquistas de la cultura de la libertad como son los derechos humanos. Lo ocurrido en Guantánamo o en la cárcel de Abu Ghraib en Irak con los prisioneros sospechosos de colaborar con el terror son sólo dos ominosos ejemplos, entre muchos otros, de cómo la estrategia de Osama Bin Laden va dando resultados.” (“El terrorista suicida”, artículo periodístico).
O sea que las barbaries del imperialismo son ocasionadas por los “terroristas suicidas”, si éstos no existieran los soldados norteamericanos serían unos seres angelicales, acantonados en sus miríficos cuarteles. Y esta tesis de que los opresores se vuelven sanguinarios para combatir a unos pocos rebeldes la plantea incluso en su última novela El sueño del celta, refiriéndose a un periodista peruano que denunció las injusticias de una empresa inglesa que explotaba el caucho en la selva peruana y que cometía un sinnúmero de atropellos contra los lugareños, dice ahí: “Saldaña Roca (…) era brusco, muy seguro de sí mismo. Con una de esas miradas fijas que tienen los creyentes y los fanáticos y que a mí, la verdad, me ponen siempre muy nervioso. Mi temperamento no va por ahí. No tengo gran admiración por los mártires (…) ni por los héroes. Esas gentes que se inmolan por la verdad o la justicia a menudo hacen más daño del que quieren remediar.” (p. 152). Son expresiones de un personaje, pero que bien pueden ser atribuidas al autor, porque ese, en realidad, es el mensaje de toda su novelística desde la primera, La ciudad y los perros, hasta la última –como vemos– El sueño del celta: toda violencia es mala, venga del pueblo o venga del Estado, siempre acarreará muertes y no solucionará nada. ¡Como si la muerte de quince niños en cada minuto, de hambre o enfermedad curable, en el mundo (cifras oficiales de organismos internacionales) no fuera la violencia del sistema que defiende Mario Vargas, y no fuera centenaria y se debiera seguir soportando pacíficamente, para no ser acusados de “terroristas suicidas”!
Es un sistema que ha creado la violencia delincuencial (¿o es al revés, como piensa Vargas, que la violencia delincuencial ha generado la violencia sistémica?) y que llega a extremos insospechados, como es el caso del capo de las drogas en Brasil, Marcola, que se enfrenta al sistema y le dice: “Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En los barrios de miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común. Ustedes académicos, ¿no hablan de lucha de clases, de ser marginal, de ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja…! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo a Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes.” http://www.papelesparalahistoria.blogspot.com/.
Con esa concepción sesgada de la historia y de la vida que esgrime Mario Vargas, todas las declaraciones o declamaciones de su discurso que apuntan a relevar el poder de la literatura, suenan vacías, huecas, falsas, cínicas. Decir que Sartre lo inspiró para creer “que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia”, o que creyó, con “Camus y Orwell que una literatura desprovista de moral es inhumana”, o con “Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.” Nada de eso se cumple en su literatura, una literatura que él se empeña en demostrar –en sesudos ensayos– que es una mentira absolutamente individualista y hasta narcisista, lo dice en su libro titulado –precisamente– La verdad de las mentiras:
”… jugar a las mentiras, como juegan el autor de una ficción y su lector, a las mentiras que ellos mismos fabrican bajo el imperio de sus demonios personales, es una manera de afirmar la soberanía individual y de defenderla cuando está amenazada; de preservar un espacio propio de libertad, una ciudadela fuera del control del poder y de las interferencias de los otros, en el interior de la cual somos de veras los soberanos de nuestro destino.”
Vale preguntar: ¿pensaría igual Mario Vargas si, en lugar de ser lo que es, tuviera que vivir con menos de cinco dólares diarios y tener que mandar a sus hijos no a la escuela sino a mendigar o a robar o a trabajar de canillitas, lustrabotas o limpiaparabrisas para poder completar el diario? Y estos analfabetos son la mayoría en nuestro país, y no son ellos los que viven las mentiras de sus novelas, porque ni siquiera son ellos los protagonistas de las mismas, pues no es con ellos con quienes Mario Vargas ha fabulado sus “historias para suplir las deficiencias de la Historia” (Prólogo a La verdad de las mentiras).
El verdadero asunto es que en el sistema neoliberal, ensalzado por Mario Vargas, nadie puede alcanzar el estatus logrado por él, porque –precisamente– son “nadie”, y “de los nadies (como dice Eduardo Galeano), de los hijos de nadie, de los ninguneados que no son, aunque sean”, el neoliberalismo no se ocupa. Son los nadies “Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata. Esos nadies sueñan con salir de la pobreza. Sueñan que algún mágico día llueva de pronto buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen.”
Sí, nosotros sí creemos que la literatura contribuye a crear esa conciencia de libertad y de cambio, pero no en el ámbito restringido de la libertad individual y el cambio oportunista del que escala –si es que puede o quiere– los más altos pináculos del acomodo social y de la fama, sin que le importe el destino de la humanidad. Y, lo que es más aberrante, que se construye una coraza ideológica para salir como “moderno cruzado” a defender ese mundo que le permite alcanzar esos privilegios, a pesar de que sabe que es un mundo decadente, criminal, injusto, mezquino, inmoral, corrupto e insalvable. Sí, la literatura contribuye a crear conciencia contra ese mundo que debe ser destruido para construir otro nuevo, solidario, vital, justo, amplio, ético, sano y perfectible.
Definitivamente, el discurso del Nobel Vargas fue, en realidad, un cuento, y no precisamente el mejor de este escribidor.

jueves, 23 de septiembre de 2010

JULIO CARMONA: PPK HA LEVANTADO EL VELO DE LA PROSTITUCION POLITICA EN EL PERU

Por: JULIO CARMONA
Cuántas veces hemos escuchado decir que la prostitución es la profesión más antigua del mundo. Y es un aforismo ligado, más que nada, al comercio carnal femenino. Recién en los últimos tiempos se ha extendido a los hombres y a la niñez, como una muestra del proceso degenerativo de la sociedad “moderna”. Pero es un comercio que no se percibía actuante en otras esferas de la vida cotidiana.
Las declaraciones del ex ministro de varios gobiernos pasados del Perú, Pedro Pablo Kucinsky, relacionadas con las supuestas aprehensiones de los grandes consorcios internacionales porque, supuestamente, ven peligrar sus intereses con el posible triunfo de Susana Villarán a la alcaldía de Lima, han puesto en evidencia dos aspectos de una misma aberración: el chantaje y la sumisión de los involucrados en el acto prostituto, es decir el comercio indecente regido por la transacción monetaria.
¿No que el Perú era un país independiente?
En el caso de las prostitutas carnales, es el chulo, el caficho, el proxeneta, quien las chantajea con masacrarlas o quitarles su “protección” si no se someten a sus designios. PPK ha convertido en eso a las autoridades peruanas, pues, según él, los clientes (las transnacionales que gozan llevándose nuestras riquezas no renovables) ya advirtieron que, si no cuidan bien al tipo de autoridades que signifiquen seguridad para ellas, el Perú va a caer en desgracia respecto a sus inversiones. De paso, pues, PPK ha convertido al Perú en la prostituta que se vende a sus mejores clientes, pero con la anuencia de sus cafichos, que le exigen “votar bien”, a favor de quien garantice seguridad para esos clientes.
Y se ve a las claras que esas grandes transnacionales, ante las cuales se prosterna PPK (y miran con preocupación los gobernantes), están chantajeando –de la manera más ostensible– al Perú. ¿No que el Perú era un país independiente, con soberanía inalienable, y con dignidad a toda prueba? Y resulta que quienes están llamados a defender esas independencia, soberanía y dignidad, se ponen a temblar porque las grandes transnacionales se inmiscuyen –de la manera más abyecta imaginable– en sus asuntos políticos que, se supone, son de exclusivo manejo interno.
Si ya está mal que esas transnacionales vengan a hacer tratos anticipados con candidatos todavía no elegidos para adelantar futuros negociados; si, igualmente, es repudiable que existan lobistas encargándose de ajustar esos negociados con las autoridades ya elegidas, ya el colmo del oprobio, la afrenta, la deshonra, es que se nos haga ver que hemos llegado al más rastrero nivel de la prostitución política.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DE JULIO CARMONA PARA VIOLETA CARNERO

A Violeta Carnero de Valcárcel. In memoriam
Julio Carmona escribe esta semblanza como un rendido homenaje a quien en vida fue Violeta Carnero de Valcárcel, mujer ejemplar, madre constante y luchadora social infatigable

Gustavo Valcárcel, Violeta Carnero de Valcárcel, Manuel Scorza y Juan Gonzalo Rose.
A Violeta Carnero de Valcárcel, la conocí personalmente –si mal no recuerdo– allá por el año 2006. A pesar de haber vivido yo en Lima por un espacio de veinte años (1966-1986), nunca tuve la oportunidad de ni siquiera conversar con ella, aunque la conocía de vista y de lejos cuando asistió con Gustavo Valcárcel al Primer Encuentro de Poetas realizado en Chiclayo (conservo un libro de poemas autografiado por el poeta). O sea que con Gustavo tampoco hubo una cercanía amical. Producto también de mis aprehensiones cívicas (por entonces era –y creo seguir siéndolo– un tanto renuente a acercarme a los poetas consagrados).
Incluso con la hija de ambos, Rosina Valcárcel (también consagrada poeta), tuve muy pocas oportunidades de tratarla durante mi permanencia en Lima, pese a habernos encontrado en eventos populares o de haber compartido un premio de poesía (en los años setenta). Pero, allá por el año de 1999, tuvo que pasarme la desgracia de tener un problema judicial (de injusticia laboral, cometida –por supuesto– contra mí) para que se diera la oportunidad de acercarnos amicalmente. Rosina, con esa generosidad que la caracteriza me apoyó con una nota periodística, con un desprendimiento inusual y sin ningún compromiso, pues ni siquiera habíamos cultivado hasta entonces una mínima amistad. Pero esa circunstancia me llevó a buscarla en su domicilio para manifestarle mi gratitud.
Y desde entonces hemos edificado una amistad de la que no sólo me siento orgulloso, sino que cuido como si en realidad se tratase de cultivar una rosa (como la rosa de Martí). Entonces, cada vez que voy a Lima lo primero que hago es telefonear a mi amiga Rosina. Y ella, siempre generosa, reserva un lapso de su tiempo para vernos y conversar e intercambiar libros y abrazos y besos. Y, a propósito de besos, en uno de esos encuentros, acordamos con Rosina ir un día a visitar a Violeta. Y, al momento de saludarnos con un beso en la mejilla, se generó un lapsus y nos besamos en los labios. Es una anécdota maravillosa. Y allí pude constatar que, definitivamente, la sabiduría popular es totalmente acertada, comprobé en esa ocasión que “de tal palo, tal astilla”: Rosina es un reflejo del inmenso afecto que irradiaba Violeta. Cada quien con su propia personalidad, pero ambas unidas por una calidad humana singularísima.
Violeta Carnero era un amor de persona. Me recibió con una demostración de aprecio que pocas veces he experimentado. Y con una sinceridad a prueba de cualquier duda. Y en los últimos años la he llamado muchas veces desde Piura para saludarla y recibir con su cálida voz la seguridad de que a mujeres y madres como ella muy bien les viene la expresión vallejiana de “Muerta inmortal”. Al día siguiente de recibir la noticia de su pase a la inmortalidad (a donde ha ido a encontrarse con su amado Gustavo), volví a difundir un poema que escribí el mismo día que la conocí en su casa. Al poco tiempo volví a dedicarle otro poema que ahora quiero –de manera virtual– hacerle llegar a Gustavo Valcárcel, como expresión de mi rendido reconocimiento al gran aporte que ambos le han hecho al pueblo peruano con su vida feraz.
Violeta Carnero de Valcárcel
CARTA ABIERTA A GUSTAVO VALCÁRCEL
Le robé un beso a tu esposa,
Inmenso poeta, Gustavo
(Un pétalo más a la rosa
No le hace menoscabo).
Pero sabes que ese beso
Tiene el don de carta abierta:
Como el fruto del cerezo
Llega a toda voz despierta.
Y a miles veo en soslayo
Dando besos a Violeta,
Convertidos en vasallos
De sus lágrimas discretas,
Pues no deja de haber mayo
Que no llore a su poeta.

sábado, 17 de julio de 2010

CONFESIONES DEL POETA JULIO CARMONA

Un diálogo a la distancia entre Rosina Valcárcel y Julio Carmona, trata sobre la vida, la amistad, el amor...
De niños soñábamos tener una patria llena de amigas y amigos. Hoy, bajo la frialdad absoluta de Lima, evoco a un escritor de los años ’70, cuando primaban el fuego, la esperanza y algunos dogmatismos políticos. Nos tocó compartir el primer premio de poesía José María Arguedas (APJP 1974). Ambos colaboramos con Redacción Popular, revista democrática a cargo de Raúl Isman, agudo hermano argentino (desde el 2006). Hago un viaje imaginario. Nos abrazamos como dos sobrevivientes, ya sin ocultar nuestro aprecio amical fortalecido durante los últimos diez años. Julio, el de los ojos obsidiana, la sonrisa franca y las manos cálidas me recibe en Piura (la tierra de mi madre), me invita un vaso de chicha y unos tamalitos verdes. Platico con él. Julio es parte de mis referentes afectivos tanto por su identificación con los pueblos, su rebeldía, espíritu solidario, como por su ritmo, ingenio singular, lealtad y ternura constante por la humanidad.
Rosina Valcárcel

INFANCIA
"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla", decía don Antonio Machado. Yo también puedo expresar lo mismo, pero cambiando Sevilla por Chiclayo (que es como –según expresión de Eleodoro Vargas Vicuña– comparar un desnudo griego con un cholo calato). Pero son recuerdos, pues. Y, en efecto, la infancia es la etapa más feliz de la vida. Ahora que yo era un jodido (desde chiquito: “genio y figura”), eso sí debo reconocerlo; especialmente en las comidas. No me gustaba la sopa con verduras, éstas eran “disparates” para mí. Que la carne está dura o está gorda o que esa menestra no me gusta (sin haberla probado). Ya, hijito, entonces te hago un huevito frito –mamá. Así cualquiera, pues. Infancia feliz. Ahora te diré que eso me sirvió para dejar de comer grasas y carnes rojas, es decir me auto-obligué a “comer sano”; resultado: cuerpo sano y mente sana: mismo griego. Y, bueno, los amores infantiles: tal vez los más apabullantes, por las sensaciones misteriosas que traían aparejadas. Además, obligado a enamorarme de la maestra (no defraudé a Freud). La rememoro en la nebulosa de la nostalgia: una belleza (un tanto difuminada, pero belleza al fin). Y luego que me deshago de esa visión, me digo: ahora debe ser una ancianita (o tal vez ha muerto), si yo mismo estoy jugando entre esas dos opciones. ¿Te imaginas? Pero todo paraíso tiene su final. Y hay que enfrentarse a la vida brava. La maestra vida, camará. Y cuando uno ha sido buen alumno continúa aprendiendo en ella, para bien. Más aún si ya desde entonces iba creciendo el bichito de la creatividad. Todo eso mirado en retrospectiva es genial. Por eso, gracias, Rosi, por esta plática, resucitadora de ese mundo refundido en los meandros de la memoria.

RELACIÓN CON LA MADRE
Algo que me viene a la memoria, en relación con mi madre, es que en 1956 la acompañé a votar para las presidenciales, pues en esa oportunidad se concedió el voto a las mujeres. Era el fin de la dictadura de Odría. Mamá creo que votó por Manuel Prado. Ella no sabía nada de política. Pero siempre la escuchaba decir que para ella el mejor presidente había sido Leguía. Era evidente que lo decía influida por comentarios de mi abuelo quien era un tanto conservador. Imposible que él hubiera sido socialista si hasta medio potentado era. Pero toda su fortuna se hizo humo. Y el destino lo reivindicó con un nieto comunista. Yo no conocí al abuelo. Pero vi muchas fotos suyas: de grandes bigotes a la usanza de la época. Era aficionado a la fotografía. Y hasta medio inventor era, o como le llamaban entonces "curioso". Importaba artefactos un tanto raros. Hasta muy avanzada mi juventud se conservaba en casa uno de esos que le había servido para curar -decía mi madre- casos de locura. Se trataba de un pequeño aparato para aplicar electroshock. Él mismo era medio loco. Ninguno de sus hijos salió como él. Aunque todos fueron buenas personas (lo digo por referencias de mi madre). De todos -algo así como cinco- conocí al mayor. Él y mi madre sobrevivieron a los otros. Mi tío dejó muchos hijos, en varias “esposas”. Era un don Juan (precisamente, se llamaba Juan, Juan Carmona). Había otro, Moisés, que murió joven, y dibujaba y escribía poemas (llegué a ver algunos de sus dibujos y un poema suyo publicado en un diario de Chiclayo, pero nada de ello se conserva). Seguro por ahí me viene lo del dibujo, la escultura y la literatura. Pero quien influyó decisivamente en mi inclinación por la poesía fue mi madre. De profesión ama de casa, realizaba todas sus tareas domésticas cantando tristes, valses, yaravíes (tenía un cuaderno lleno de ellos: por allí creo que lo tengo entreverado entre tanta papelería en el "cuarto de los Buendía"). Hubiera sido imposible que ese repertorio de letras populares no influyera en mi espíritu. Por eso adopté el apellido de ella para firmar mis trabajos poéticos. Habría sido injusto firmarlos con mi apellido paterno (Fernández), pues de mi padre no recuerdo que hubiera hablado de poesía. Y, en todo caso habría dicho: "Podrá no haber poetas / pero siempre habrá policía". Lo vi muy poco en casa. Por razones de trabajo (y de otra familia) no estaba en Chiclayo. Después, definitivamente dejó de venir a nuestra casa. Y no lo volví a ver más. O cuando ocurrió llegué a percibir que yo no le inspiraba mucho afecto. Peor para él. Es justo, pues, que, si de algo sirve mi trabajo creador, vaya acompañado con el apellido de mi madre. Justo homenaje a una gran mujer.

DE BARRIOS Y PALOMILLADAS
Esa es una de mis falencias: no tuve un barrio estable y duradero. Cuando ya estaba haciendo amigos y agarrando ambiente, mamá nos decía (a mi hermana y a mí): "Llegó la hora de partir". Los primeros años de mi niñez transcurrieron en Chiclayo en una casa enorme, herencia de mi abuelo (y en la que lo mataron para robarle, pero éste es otro cuento). Qué digo, allí habré estado hasta los nueve años. Luego fuimos a vivir a Lima (allí fue cuando acompañé a mi madre a votar): la estadía en Lima duró unos tres años. Luego regresamos a Ferreñafe, al campo. En mi caso ocurrió lo contrario de la guerra popular, pues fui de la ciudad al campo. Fue la etapa bucólica de mi vida: entre pájaros y árboles. Mis amigos eran los hijos de los campesinos. Y estudié primaria hasta los quince años. Luego fui a Chiclayo a estudiar secundaria en el Colegio San José, y como fui becado al terminar primaria, allí pasé cinco años en el internado: otra experiencia maravillosa, etapa en la que hice algunos amigos, pero que después cuando terminan los estudios ya no se vuelven a ver más. Para entonces mi hermana se portó como un padre (única hermana, por eso digo: soy huérfano de hermana y madre). Ella era mayor que yo por dos años. Viajó a Lima con mi madre, y empezó a trabajar. Me ayudó hasta que acabé la secundaria. Y en cada período de vacaciones del colegio iba a Lima. Pero, en ese plan, nunca hice collera. Y, más bien, desde secundaria forjé amistad con personas mayores que yo (algún profesor: el poeta Alfredo José Delgado Bravo, por ejemplo: grandes reuniones “etilíricas”). Luego, al terminar secundaria, fui a Lima a reunirme con mi madre y hermana. Allí creció mi grupo de amigos mayores: Óscar Allaín, Manuel Acosta, la gente del Grupo Primero de Mayo (Víctor Mazzi, Jorge Bacacorzo, Eduardo Ibarra, Néstor Espinoza, Rosa del Carpio, Gladys Basagoitia... y tantos otros). Esta fue una etapa de bohemia, pero fecunda. En secundaria había escrito tres poemarios: uno que titulé "Enjambre" (recopilación de mis primeros poemas, que por ahí anda buscándome entre la papelería de aquel "cuarto de los Buendía"), los otros: "La crecida del alba" y "Raíz del vuelo" un tanto más orgánicos, pero también inéditos y escondidos (igual los aprecio). En Lima preparé mi primer poemario "oficial", digamos, el que me inicia incluso con el apellido de mi madre: MAR REVUELTA (1970), luego vino A NIVEL DE LA ARCILLA en 1972 (con prólogo de Víctor Mazzi, para entonces ya era miembro del GIPM, en este libro hay un poema a mi tío Juan Carmona).
Esos nombres materializan en mi recuerdo a grandes amigos, todos de la misma talla porque –como diría Brecht– todos están parados a la misma altura

CINE, DIRECTORES, PELÍCULAS
Con ese recorrido de mi infancia trashumante, juventud en el campo y en el internado, mi relación con el cine en esa época es casi nula, muy esporádica, o sólo para ver mexicanadas. Ya en San Marcos la cosa cambió. Pero nunca me he considerado un cinéfilo. Me gusta el cine. Sé apreciarlo. Mas no le pongo énfasis en aprenderme el nombre de los directores ni de los actores o actrices, salvo los que marcan. Por ejemplo, hubo una época (y de esto debe acordarse Manuel Pásara), en que no nos perdíamos ninguna película de Lina Weismuller (una buena directora, aunque un tanto relegada). “Pascualino siete bellezas”, por ejemplo. Quien debe acordarse con más detalles debe ser Manuel. Y bueno, las clásicas: 900, La clase obrera va al paraíso, Nos habíamos amado tanto, El acorazado Potemkin, una sobre Goya (coproducción checo-española): muy buena, la fuimos a ver con Pancho Izquierdo y Ana María Mur: grandes amigos. Y, bueno, así por el estilo.

DIBUJO, PINTURA Y ESCULTURA
Desde niño me apasionó el dibujo. Aprendí a dibujar calcando los dibujos de los “Chistes” (historietas). Lo hacía con una insistencia propia de los predestinados. Por eso cuando postulé a Bellas Artes, ingresé con el primer puesto en dibujo. Y me metí a escultura porque también desde la infancia (en el campo) había manoseado el barro tratando de hacer figuras, las que sin técnica terminaban en mera frustración. Pero también lo hice porque en esa época (1969, año en que también ingresé a San Marcos) en la Escuela daban todos los materiales para escultura: arcilla, fierro para las estructuras, yute y yeso para los moldes y vaciados, además las estecas y demás herramientas se las fabricaba uno mismo. Mientras que en pintura se tenía que comprar: bastidores, telas, óleos, pinceles, todo, y era carísimo. Y por entonces yo era recontrapobre, al extremo que debí abandonar la Escuela, porque –ese era su lado limitante– se tenía que asistir mañana, tarde y noche: taller de escultura, clases teóricas y taller de dibujo, respectivamente. No existía ningún resquicio para poder trabajar y estudiar. Así que dejé la Escuela. Y me quedé en San Marcos, a donde –como dije– ingresé el mismo año (1969), y ahí sí se podía trabajar de día y estudiar de noche. Una muestra de mi trabajo como escultor se encuentra en el patio de Letras de San Marcos: el rostro de Mariátegui emergiendo de una montaña; también el retrato de Luis de La Puente Uceda emergiendo de la pared del patio de Derecho, en cuya entrada erigimos una estatua del Che (trabajado al “alimón” con el escultor, de mi promoción en Bellas Artes, Aníbal Agüero: él sí concluyó los estudios de escultura), estatua con la que la policía se ensañó atentando contra ella en varias oportunidades hasta que, finalmente, la derribaron… ¡mas, no podrán matarlo! Y hasta ahora sigo dibujando y esculpiendo, no con la misma asiduidad primigenia, pero con mucho agrado.

MÚSICA, GÉNEROS, AUTORES
También quise ser músico. Mi hermana me regaló una guitarra, que hasta ahora conservo como adorno en el “cuarto de los Buendía”, y de la que hablo en mi poema a Javier Heraud: “… te siento en mi guitarra / siento que me impones su silencio / desgarrado, y una ganas enormes de seguirte…”. Pero la música no quiso saber nada conmigo. A pesar de que en mi época de bohemia (contagiado por la dinámica fertilidad de Manuel Acosta Ojeda) llegué a componer algunos valses, huaynos y mulisas, que tengo por ahí grabados en casettes y en algún disco de esos de 33 y 45 revoluciones. La música popular es mi fuerte (pero no la pop ni la chicha). Con una buena salsa me vuelvo trompo. Pero cuando el vendaval amaina recurro a mis clásicos: Beethoven, Chopin, Brahms, Liszt, el mismo Wagner, Tchaikovsky… sí, la música es lo máximo (junto con la poesía), lo demás es silencio…

SAN MARCOS Y SU INFLUENCIA
San Marcos. Nuestra querida universidad San Marcos. Era todo un mundo. El país en pequeño. Cuántas cosas hubiera dejado de aprender si no hubiera estado allí. Cuánta gente valiosa (y de la otra también: de los profesores negativos también se aprende) hubiera dejado de conocer. Pero estuve y viví allí los mejores años de mi juventud. A mucha honra fui comensal de la “Muerte Lenta” e inquilino de la Vivienda (tan manoseadas y vilipendiadas hogaño). Yo estuve el día (o, mejor, la noche) en que una bomba molotov fue arrojada al cielo raso del patio de Letras y hasta hoy, creo, se ve la mancha dejada por el fuego (fue mi bautismo de fuego, pues no hacía mucho que había ingresado). Eran tiempos de fuego y pasión nunca más reeditados. Todo sanmarquino auténtico no se reconoce a sí mismo por el cartón del grado o la licenciatura, sino por la marca indeleble que lleva en el alma hasta la muerte. Es lo que hace que uno -sin saberlo y sin proponérselo- siga produciendo como aprendió a hacerlo en esas gloriosas aulas en las que no había competencia por las mejores notas sino emulación para ser cada vez mejor.

PROFESORES Y MAESTROS
No quisiera hacer mención de maestros específicos, porque puedo olvidarme de alguno valioso, e incurriría en injusticia involuntaria. Creo que de todos los maestros se aprende algo (especialmente en San Marcos de esa época: los maravillosos años setenta). Pero sí puedo mencionar a tres –emblemáticos, sin duda–, ya fallecidos: Washington Delgado, Paco Carrillo y Antonio Cornejo Polar. Tres fuera de serie. Recuerdo siempre que un semestre me matriculé en un curso de Literatura Española, con el tema específico del romanticismo. Cuando llegué al aula asignada (una de las pequeñas que había en Letras) ya estaba allí, esperando parado en la puerta, Washington Delgado, con la mirada perdida a lo largo del pasadizo, con su parsimonia proverbial. Luego del saludo de rigor ingresamos al aula. Yo era el único alumno (ninguno más de los -seguramente- inscritos se hizo presente). Y esto fue así durante todo el ciclo. Pero Washington no dejó de dictar su clase con este único y solitario alumno. Me vi obligado a ser puntual. Yo que también abandonaba la mayoría de cursos para recursearme la sobrevivencia. En esa oportunidad personifiqué a la puntualidad. Fue, además, un privilegio. Yo lo escuchaba con suma atención. Y en un determinado momento lo escucho hablar de un romántico alemán que él llamó Van Kla (o algo así). Guarda, dije yo. Que nombrecito para raro. Entonces lo interrumpí. Cómo se escribe el nombre del autor que acaba de mencionar… Federico Von Kleist, escribió en la pizarra. Sorpresas te da la vida, camará (de ese autor tenía referencias porque ya había leído La lucha con el demonio, de Stefan Zweig).

AMISTADES
RV: Sabemos que conociste a Pancho Izquierdo, a Juan Cristóbal, Ana María Mur, Manuel Pásara. En qué circunstancia ocurrió, qué valoraste (y valoras) de cada uno. Bruno Portugués, Fanny Palacios, Raúl Isman, Analissa Melandri, Cristina Castello ¿qué representan?
Cada cual mejor, según su especialidad y originalidad. Pero todos grandes creadores de vida. Pancho Izquierdo era un genio, pero -como todos los genios- era absolutamente indiferente de su genialidad. Él solo se ninguneaba. Pero qué gran dibujante era. Además un singular poeta (llegó a publicar un libro de poemas). Con Ana María Mur hicieron una pareja excepcional (a ambos les dediqué un poema en mi libro TUN TUN QUIÉN ES de 1982, titulado “Por qué dejé la Escuela”, me refiero a la de Bellas Artes). Eran igual de geniales, ambos. Y, tú sabes, polos iguales se repelen. Anita tenía (o tiene: hace muchos años que no la veo) una gran sensibilidad y un don especial para detectar “por dónde salta la liebre” de lo artístico al momento de valorar a la gente de la tribu. Bueno, Juan Cristóbal, un gran poeta, aunque por su personalidad bulliciosa (especialmente cuando estaba ebrio, hoy creo que ya no bebe o muy poco) se ganaba censores negativos, a veces gratuitos e injustos. En realidad es una gran persona (como todo gran artista). Manuel Pásara es uno de mis amigos de San Marcos, también poseedor de una gran sensibilidad, aunque renuente a publicar sus escritos. Estudiábamos Literatura, y coincidimos en algunos cursos (a pesar de que éramos de distintas promociones). Llegamos a hacer una gran amistad, de la que de modo alguno puedo excluir a Verónica Polak, su compañera de toda la vida. Y, por asociación, debo mencionar a José Antonio Pásara y a su compañera Tania Otoya (viven actualmente en EEUU). Lo mismo puedo decir de Bruno Portuguez y de Fanny Palacios, pintores de un talento enorme, y de una personalidad muy singular, dentro de la modestia que caracteriza a toda la gente de valor. Y aquí es pertinente recordar a algunos amigos conocidos en la Red Internacional: Raúl Isman un incansable luchador argentino, profesor universitario y escritor de quilates, la revista digital REDACCIÓN POPULAR que dirige es realmente excepcional; Annalisa Melandri en Italia es una amiga que la tecnología mediática me ha regalado: con un espíritu solidario inigualable y un gran amor por Nuestramérica, es realmente un orgullo intercambiar comunicaciones con ella; y, por último, Cristina Castello, argentina de nacimiento y francesa de corazón (comparte domicilio en ambas naciones), una poeta valiosa y luchadora por las causas nobles del mundo. En todos ellos es admirable su vitalidad y capacidad para la recepción, difusión y defensa de los más disímiles reclamos de los pobres del mundo. A todos les reservo un lugar muy especial en el sitio donde pervive el cariño. También hay otros amigos entrañables (y que me disculpen los que omito): Vilma Aguilar, Oswaldo Reynoso, Roberto Reyes y María Ramos, Winston Orrillo, Jorge Luis Roncal, Felipe Torres y Mery Zúñiga, Tito Oyague y Naty Flores (radican en España), Tulio Ozejo y Zenobia Lapa, Ever Arrascue y Sonia Estrada, Carlos Ostolaza, Rosina Valcárcel… Lo malo de vivir en provincias es que te alejas de las grandes amistades que, por lo común, hay que decirlo, viven en Lima. Por eso procuro ir periódicamente, para capitalizarme y desprovincianizarme.

DEL AMOR REAL Y DEL PLATÓNICO
Hoy, la amada real que llena todos mis días con su apabullante dedicación a lo nuestro es Teresa Yenque Coico, mi compañera de las dos últimas décadas (y hasta que la muerte nos separe, porque ni las peleas domésticas lo lograrán). Y en este rubro de los amores reales debo mencionar a mis dos sobrinos, Rodolfo y Milagros Berrospi Fernández: representantes de mi hermana en la Tierra, y escribo Tierra con mayúscula porque sus embajadas están en Chipre y en Miami, respectivamente. Mis amores platónicos son todas las mujeres de mis amigos a quienes, sin embargo, nunca he tocado ni tocaré con el pétalo de una rosa. Decir esto es un homenaje a ellas por bellas y valiosas como ellas solas. Las de carne y hueso, aquellas que estas manos acostumbradas a doblar fierros y amasar arcillas, a estrujar papeles ásperos y teclear letras sin cuento, tuvieron la dicha de recorrer sus diáfanas latitudes, no tienen nombres publicables. Sería pecar de vanidoso o de infidente. Y aunque no han sido muchas, las pocas que tuvieron la generosidad de permitirme ser su habitante insomne bien pueden estar seguras de que en ese instante supremo las amé como a ninguna otra. Porque cada quien tenía su propio fuego. Ahora en este invierno de los años y los daños, su cálida añoranza me sirve de rescoldo. Nada más.
Lima- Piura 13 julio de 2010.