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miércoles, 13 de febrero de 2013

EN MIAMI LE TIENEN MIEDO AL CHE

13 febrero 2013

ernesto-che-guevara
 
Un grupo anticubano protestó por un retrato similar al del argentino Ernesto “Che” Guevara que decoraba el lobby de un exclusivo hotel en la localidad de Miami Beach, tras lo cual fue retirado.
Se trata de una imagen inspirada en una foto del guerrillero argentino tomada por Alberto Korda en 1959, con la boina negra y la mirada hacia el horizonte, que estaba colocada en el lobby del W Hotel del South Beach, de donde debió ser retirada el martes por el rechazo y la queja de algunos clientes.
La fotografía gigante era de uno de los dueños del hotel, creación del artista inglés Gavin Turk.
Damien OConnor, administrador del W Hotel, lamentó lo ocurrido y dijo que, tras las quejas, ordenaron retirar la foto inmediatamente.
“Lo hicimos por una cuestión de respeto y sensibilidad con la comunidad local”, expresó.
(Con información de ANSA)

jueves, 7 de febrero de 2013

CAMILO: AUDACIA, AUDACIA Y MÁS AUDACIA

6 febrero 2013

Por Luis Hernández Serrano

Camilo Cienfuegos. Foto: Perfecto Romero.
Camilo Cienfuegos. Foto: Perfecto Romero.
 
Lo que más uno ve en las fotos de Camilo Cienfuegos que han recorrido el mundo se resume en su sombrero alón, su barba legendaria y su sonrisa sincera y limpia. Pero el Héroe de Yaguajay y de la Invasión, obviamente, es mucho más que eso y se comprende mejor en las mil anécdotas que lo recuerdan.
En este 6 de febrero de su natalicio 81, no vamos a evocar al niño que atacaba imaginarios gigantes con su escopeta de palo en su Lawton natal. Preferimos reproducir algunas de sus más interesantes vivencias, porque, como escribiera el Indio Naborí —Jesús Orta Ruiz— en el soneto que le dedicara: «(…) los pueblos, ay Camilo, te dan rosas,/ poemas y canciones más por cosas/ de cumplesueños que de cumpleaños,/ pues la edad de los héroes y los genios/ no se miden por días ni por años,/ sino por largos siglos y milenios».
Cuando Camilo trabajaba en una tienda habanera, le aseguró a su hermano Humberto que allí era solo un simple mozo de limpieza, pero que iba a llegar a ser su primer dependiente. Mandó a hacer unas tarjetas que decían: Sastrería El Arte, Reina No. 61, entre Ángeles y Águila. La Habana, Camilo Cienfuegos Gorriarán. Dependiente.
Sus amigos preguntaban por «el dependiente Camilo», pero les decían que él era el mozo de limpieza y que no estaba. «¡Ah, si no se encuentra, entonces me voy; no me interesa comprar nada aquí». Y los dueños, al darse cuenta de su popularidad y de que estaban así perdiendo clientes, lo pasaron a ocupar esa plaza y llegó a ser el primer dependiente.
Por cierto, la última vez que Camilo trabajó allí —contó también hace años su hermano Humberto— habló con el mozo de limpieza, y le pidió que ese día lo dejara hacer la labor suya. Se vistió con la ropa apropiada y comenzó a hacerlo. Lo vio uno de los dueños y le preguntó por qué lo hacía. «Aquí entré como mozo de limpieza y, como ya me voy, quiero salir como empecé».

Che Guevara y Camilo Cienfuegos
El Che Guevara y Camilo Cienfuegos
EL BROMISTA QUE ERA
 
Efigenio Ameijeiras evocó que un ex oficial de la Policía que se unió a la guerrilla, tenía cansado a Camilo preguntándole qué grado militar le correspondía como guerrillero. Camilo cogió en la cocina una cabeza de ajo, en el arroyo recogió dos piedras (chinas pelonas) y, harto ya de su insistencia, le contestó: «¡Chico, toma, estás nombrado “cabo machacador de ajo”; y si te portas bien, como esperamos, podrás llegar a “sargento machacador de tostones”».
Camilo y Che llegaron a ser grandes amigos, pero tuvo que pasar un tiempo. Camilo, por ejemplo, le comentó a William Gálvez en El Hombrito, campamento de Guevara, lo que consideró la primera jarana que le oía: «Me preocupa sacarme una muela con el Che»… «Él es médico y no vas a sentir dolor», le dijo William… «No, no es por el dolor, es que este “matasano” me puede sacar una muela buena y dejarme la mala», le aclaró Camilo.
Según contara el combatiente Manuel Bravo Yánez, en Juan Francisco, Yaguajay, Camilo dijo a un grupo de sus hombres de origen campesino que Fidel desde la Sierra Maestra le mandaba un «submarino» y no sabía para qué podía servir eso allí en las lomas de Yaguajay.
Uno de ellos abrió los ojos… «Sí, hay que traerlo, si Fidel lo manda, para algo tiene que servir», dijo Camilo y, dirigiéndose al asombrado, le encomendó: «Usted tiene que subirlo hasta aquí y ya veremos en qué lo utilizamos. Pero, usted lo trae, ¿no es así?» y aquel hombre afirmaba con la cabeza, disciplinadamente, sin saber qué rayos era un «submarino».
El 27 de septiembre de 1958, a las tres de la tarde, la tropa de Camilo detiene a tres hombres vestidos de civil que en realidad eran integrantes del ejército batistiano. El jefe rebelde pidió al médico Sergio del Valle el aparato para medir la presión arterial, se lo puso a uno de ellos, y le dijo que era un detector de mentiras… «¿Son ustedes guardias?»… «No». «Ustedes mienten, lo dice este detector de mentiras», le dijo Camilo y enseguida el guardia confesó: «Sí, somos del ejército, yo soy el cabo Trujillo». A partir de ese momento ese cabo se unió a la guerrilla, fue uno de los mejores prácticos y se sumó a la Columna de Camilo. Se jubiló en 1973.
El 30 de diciembre de 1958, en la tercera visita que Guevara hiciera a Yaguajay, el diálogo entre el Che y Camilo mostró mutua jocosidad y su amistad profunda. «Te voy a prestar mi boina, vas para el cuartel y cuando el chino (capitán Alfredo Abón Lee) te vea, comprobarás que se rinde enseguida»… «Eso mismo voy a hacer yo. Te presto mi sombrero, te presentas en el Regimiento Leoncio Vidal, y cuando ellos te vean, seguro se rinden de inmediato». Los dos se rieron de lo lindo.
Ambos conversaron entonces allí en Yaguajay para acordar los pasos a seguir. La presencia del legendario guerrillero argentino asombró al pueblo, que se aglomeraba para verlo de cerca y tratar de saludarlo. Camilo interrumpió al Che y bromeó con él: «¡Ah, ya sé a lo que me voy a dedicar cuando triunfemos: te voy a meter en una jaulita y recorreré el país cobrando cinco pesos la entrada para verte… ¡y me haré rico!». Ambos volvieron a reírse.


Fidel Castro y Camilo Cienfuegos
Fidel Castro y Camilo Cienfuegos

LA CONSTITUCIÓN QUE HABÍA QUE DEFENDER
 
Pero su jovialidad no le restaba seriedad alguna. Cuando Camilo se entrevistaba con el capitán Abón Lee en Yaguajay, uno de los oficiales batistianos, el teniente Mantilla, dijo que ellos «defendían la Constitución y las Leyes». Inmediatamente, sin pensarlo apenas, Camilo le contestó: «Esa Constitución debieron defenderla ustedes el 10 de marzo de 1952, cuando la violaron».
El coronel retirado Orestes Guerra González refirió a un periodista que Delfín Moreno le llevó a Camilo el mensaje de Fidel de que regresara a las montañas. De nuevo en la Sierra, en la zona de Casa de Piedra, el ejército los atacó duro. Allí fue herido el soldado José Pérez. Por un agujero trasero de su casco le salía la sangre. Camilo le dio el alimento que tenía destinado para sí mismo y para el propio Orestes. Este se puso muy bravo «La lata de leche se la di a ese soldado», le comunicó Camilo… «¿Cómo vas a hacer eso con un tipo como ese?», protestó Orestes Guerra… «Al menos nosotros podemos darle algo a él. Él no puede ya darnos nada a nosotros», repuso Camilo.
En su campamento del Escambray, Camilo le comentó al Che: «Vas a tener que tomarte un descanso. No te preocupes, te voy a regalar algunas armas (…)»… «Déjate de estar haciendo alarde delante de tu maestro. Y si por casualidad no tienes que seguir para Occidente, ¡vamos a ver quién llega primero a Santa Clara!».
Camilo quiso tener entre sus hombres a Manuel Espinosa Díaz, de la tropa de Guevara. Entonces, cuando ese compañero estaba cerca del argentino, apareció él, le dio un papel y le dijo en voz alta para que lo oyera el jefe guerrillero: «Espinosa, ve rápido adonde está Orestes Guerra y entrégale este mensaje mío. No regreses pronto, espérame allá, que yo voy enseguida». Y en voz baja le aclaró: «Oye, que el Che no vea el papel, está en blanco, quédate allá y no vires para atrás, que yo después hablo con él, no vas a tener ningún problema». Espinosa fue y después vino en la Invasión con Camilo.
 
EL ÁRBOL QUE FLORECE EN OCTUBRE
 
De ese gran combatiente que fue Camilo asombra conocer que su primer cheque como Jefe de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra de la provincia de La Habana —nombrado por Fidel el 3 de enero cuando fue a Bayamo en avión desde la capital a ver al Comandante en Jefe— fue de 113 pesos y 61 centavos, cobrado por su secretaria Olga Llera, «Cuquita», el 30 de abril de 1959.
Su novia, Paquita, de San Francisco de Paula, al verlo llegar de la Sierra, el 2 de enero, le dijo: «¡Qué bueno, Camilo, que ya esto se terminó!», a lo que el héroe le dijo: «No, la Revolución empieza ahora». Y la última vez que conversó con ella fue la noche correspondiente al 26 de octubre, día en que habló al pueblo desde una terraza del antiguo Palacio Presidencial.
Precisamente en la casa de Paquita, según contara ella, Camilo sembró un árbol que, curiosamente, solo florece en octubre, el mes fatal en que desapareció en el mar.
El Che dijo un día: «Aun cuando después hiciera una serie de hazañas que han dejado su nombre en la leyenda, me cabe el orgullo de haberlo descubierto como guerrillero (…). No sé si Camilo conocía la máxima de Dantón sobre los movimientos revolucionarios: “Audacia, audacia y más audacia”. De todas maneras la practicó con su acción, dándole además el condimento de otras condiciones necesarias al guerrillero: análisis preciso y rápido de la situación y meditación anticipada sobre los problemas a resolver en el futuro».
 
Fuentes: Revista Moncada, Edición Especial, No. 6, octubre de 1989; ¿Voy bien, Camilo?, Editorial Capitán San Luis, 2009; Camilo, Señor de la Vanguardia, William Gálvez, Editorial Ciencias Sociales, 1979; Che, Obras 1957-1967; y El brillo de los ojos de Camilo, Luis Hernández Serrano, en JR, 27 de octubre de 2002.
(Tomado de Juventud Rebelde)
 
Camilo Cienfuegos
Camilo Cienfuegos
 

 

martes, 30 de octubre de 2012

FLORES PARA CAMILO CIENFUEGOS EN EL TITICACA

29 Octubre 2012  
Camilo y el Che
El Che Guevara y Camilo Cienfuegos
 Por primera vez en la historia un bello ramo de flores blancas y rosas rojas fueron arrojadas a las aguas del afamado lago Titicaca por cubanos, bolivianos y otros amigos, en homenaje al Comandante Camilo Cienfuegos, desaparecido en el mar tras un accidente de aviación en 1959.
El Señor de la Vanguardia, como lo bautizaron sus compatriotas de la nación caribeña, fue recordado en el lago navegable más alto del mundo, en el área que corresponde al territorio de Bolivia, país sudamericano donde años más tarde, en 1967, fue asesinado Ernesto Che Guevara, uno de sus más apreciados compañeros de guerrilla, cuando al mando de Fidel Castro emprendieron la contienda por la liberación que condujo a la Revolución cubana.
Integrantes de la Armada boliviana (Marina de Guerra), entre ellos altos oficiales, médicos cooperantes y personal diplomático cubanos, además de amigos periodistas, navegaron durante casi cuatro horas por las profundas y bellas aguas transparentes del Titicaca para rendirle tributo al también llamado Héroe de Yaguajay.
Nunca antes Camilo había sido recordado en tan particular y hermoso lago, ubicado en la meseta del Collao, en los Andes Centrales, y a una altitud de 3 mil 812 metros sobre el nivel del mar, diríamos que más cerca del cielo que de la tierra.
Los cubanos en cualquier parte del mundo tienen por tradición los 28 de octubre, día que desapareció el Señor de la Vanguardia, lanzar flores al mar, a los ríos, y esta vez también al Titicaca, que ocupa el lugar 19 en el mundo por su superficie, de 8 mil 562 kilómetros cuadrados.
A los 80 años de su natalicio la historia quiso que Camilo se encontrara nuevamente, esta vez en Bolivia, con el Che, amigos inseparables y eternamente vigentes en estos tiempos en los que Latinoamérica ha dicho ¡Basta¡ y ha echado a andar.
Ernesto Guevara dijo de su compañero que era el más brillante de todos los guerrilleros que en las abruptas montañas de la Sierra Maestra, en Cuba, lucharon por la independencia definitiva de la mayor de la Antillas contra la dictadura apoyada y financiada por Estados Unidos de Fulgencio Batista.
Expresó además que lo que más le atraía a él y al pueblo cubano del Héroe de Yaguajay era su carácter, su alegría, su franqueza, y su disposición a ofrecer su vida en todo momento, entre otras cualidades personales.
Ernesto Guevara caracterizó a Camilo como un hombre sencillo, sin en el más mínimo alarde de valor y sabiduría, y el compañero de todos, razones por las cuales lo dignificó como el más brillante de los guerrilleros.

sábado, 13 de octubre de 2012

700 MIL DOLARES COSTABA PARA LA CIA LA CABEZA DE FIDEL CASTRO RUS


Ernesto Guevara y Fidel Castro

¿Cuánto cuesta asesinar a los Castro o al Che? Un paquete de 2.700 documentos, telegramas y garabatos del fiscal general por la CIA, responde que se necesita un millón de dólares, cubanos exilados y hombres de la mafia.
Uno de los documentos del fiscal revela que en 1964 la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. planeaba otro intento de asesinato de Castro. Con este objetivo mantuvo conversaciones con representantes de la mafia y “exiliados patrióticos de Cuba”.
Para acabar con el comunismo en Cuba y personalmente con el poder de Castro, el Gobierno estadounidense estaba dispuesto a pagar 150.000 dólares, un millón de dólares de hoy en día.
La vida de Fidel Castro fue así valorada en 100.000 dólares (más de 700.000 ahora). Por la de su hermano Raúl los gánsteres y exiliados pidieron 20.000 dólares (150.000) y la misma cantidad costaba la vida de Ernesto 'Che' Guevara. Además, los estadounidenses podían proporcionar 2.500 dólares más para gastos.
Fidel Castro tiene el récord Guinness en intentos de asesinatos, perpetrados principalmente por los servicios de espionaje estadounidense.
Los analistas estiman que la vida del líder cubano ha estado amenazada en más de 630 ocasiones. Los medios para asesinarlo varían desde cigarros hasta explosivos en una pelota de béisbol y ataques de francotiradores. Ninguno alcanzó su objetivo.
Acciones de la CIA contra Cuba. Hechos que se perpetraron, financiaron y apoyaron desde Estados Unidos, para lograr el derrocamiento de la Revolución Cubana. En estos actos terroristas perdieron la vida un gran número de personas.

La CIA contra Cuba

El 23 de diciembre de 1958 el jefe de la CIA, Allen Dulles, ante el inminente triunfo del Ejército Rebelde en Cuba, fue categórico al intervenir en una reunión sui generis del estadounidense Consejo de Seguridad Nacional encabezada por el presidente Dwinght D. Einsenhower. "Debemos impedir la victoria de Castro", manifestó enfático el responsable del servicio de inteligencia. Setenta y dos horas después, el propio mandatario norteamericano revelaba que ya existían "operaciones encubiertas" contra las fuerzas revolucionarias cubanas.
No era una actitud sin antecedentes. Washington ofreció su total respaldo al dictador Fulgencio Batista hasta sus últimos minutos, y cuando se produjo el holocausto, recibió con los brazos abiertos a torturadores, funcionarios venales, matarifes y altos personajes del depuesto régimen.
Para el 2 de febrero de 1959, apenas un mes después del éxito de las armas rebeldes, era detenido en Cuba el ciudadano estadounidense Allen Robert Mayer, llegado ilegalmente en una avioneta con el propósito de asesinar al Comandante en Jefe, Fidel Castro. Según el inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, las operaciones encubiertas de Estados Unidos contra La Habana comenzaron de lleno en el verano de aquel año, una vez suscrita la primera Ley de Reforma Agraria por el Gobierno Revolucionario. La cadena sería desde entonces indetenible.

1960

El 17 de marzo de 1960 fue aprobado formalmente por el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, un plan que había comenzado a elaborar la Agencia Central de Inteligencia ([[CIA]]) desde agosto de 1959. Algunas de sus más importantes tareas se habían ejecutado desde octubre de 1959, con el bombardeo de centrales azucareros y plantaciones cañeras, para impedir la obtención de divisas para Cuba. O como sucediera a inicios de marzo de 1960, con el sabotaje al buque francés La Coubre, para que el país no dispusiese de armas con qué defenderse de lo que se tramaba en su contra.
Para arrojar del poder a la Revolución Cubana, contaron con la ayuda del tirano dominicano Rafael Leonidas Trujillo. El Comité 5412, del Consejo de Seguridad Nacional, encargado de asesorar al presidente de Estados Unidos, en la evaluación de las acciones encubiertas en el exterior, sostuvo una última y definitiva sesión, el 14 de marzo de 1960.
Según el inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, la adopción oficial del proyecto por el gobierno de Estados Unidos ocurrió tres días después, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower, aprobó el documento de la agencia titulado: Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro. Dicho plan había comenzado a elaborarse por la CIA, desde agosto de 1959.
El 18 de enero de 1960 la CIA creó el nuevo órgano WH-4, para llevarlo ejecutar el plan; y encargó para que lo dirigiera el entonces jefe de la estación de la CIA en Caracas, Jacob Esterlina. Este hombre, en 1954 había participado activamente en el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacob Arbenz.

Total de acciones realizadas

Informes de entonces indican que entre septiembre y diciembre de 1960 se realizaron 50 violaciones aéreas solo en La Habana para lanzar bombas contra objetivos económicos y sociales o esparcir propaganda enemiga. Mientras, se provocaron incendios en la emisora radial CMQ y las tiendas La Época y Flogar, en pleno centro de la ciudad.
Se colocaron bombas en la Universidad de La Habana y la Nobel Academy; fósforo vivo en los cines Cándido, de Marianao, y el teatro Riesgo, de Pinar del Río, en medio de funciones infantiles. Afectaciones del servicio eléctrico, fuegos en otros centros comerciales, destrucción de almacenes y la quema total de la tienda por departamentos El Encanto, que provocó la muerte a la trabajadora Fe del Valle, marcaron además los días, semanas y meses subsiguientes.

1961 La gran derrota militar

La segunda quincena de abril de 1961 sería testigo de los bombardeos aéreos contra los aeropuertos militares cubanos como preludio de la invasión mercenaria por Playa Girón. La Revolución enfrentó una candente prueba de la que salió victoriosa en apenas 72 horas de intensos combates y al costo de 176 de sus defensores, que no dieron tregua al enemigo.
Jhon F. Kennedy

El Gobierno de John F. Kennedy, que había heredado la operación de la época Eisenhower, y que inicialmente negó toda responsabilidad en el ataque, aunque no ocultaba "su admiración por los patriotas cubanos" que agredían a su propia patria, terminó por admitir sus culpas luego de la aplastante derrota. Un comunicado de la Casa Blanca dijo entonces que "el Presidente asume la responsabilidad de los acontecimientos de los últimos días".
Paralelamente, desde el propio 1959, en las principales zonas montañosas del país, fomentó la CIA el bandidísimo como otra alternativa para enfrentar al poder revolucionario. La ilegal Base Naval de Guantánamo, devenida hoy centro de detención y tortura de pretendidos "combatientes enemigos", fue otro de los puntos desde donde partieron infinidad de agresiones contra Cuba.

1962

La derrota de la invasión mercenaria por Playa Girón debía ser vengada, y la CIA se apresuró a poner en marcha en enero de 1962 la titulada Operación Mangosta, fomentada con todos los recursos agresivos desde la Estación JM-Wave, la más grande creada por la Agencia, y con sede en Miami.
Los brazos ejecutores eran los grupos contrarrevolucionarios de origen cubano radicados en La Florida, a cuya disposición se pusieron pertrechos, naves aéreas, marítimas y todo tipo de entrenamiento, así como apoyo logístico y profesional.
En los pantanosos cayos floridanos se entrenaban los comandos en técnicas de supervivencia, demolición y uso de diferentes armas. Una gran fábrica de terroristas quedaba establecida bajo el control y el financiamiento de los cuerpos norteamericanos de seguridad. De hecho, luego de la disolución de la JW-Wave, sus viejos servidores siguieron su propio camino criminal con la total anuencia de los ocupantes de la Casa Blanca.

De 1963-1971

La Operación Mangosta fue oficialmente cerrada por John F. Kennedy a inicios de 1963, luego de la Crisis de los Misiles de octubre del año anterior. No obstante resultó brutal el balance de sus acciones. En el lapso de unos 12 a 14 meses se produjeron cinco mil 780 acciones terroristas contra Cuba, de ellas 716 sabotajes de graves consecuencias en instalaciones económicas esenciales.
Sin embargo, al final nada cambió el tono de la agresión permanente de Washington contra el pueblo cubano. Los actos criminales continuaron golpeando a la nación en los años subsiguientes con el hundimiento de barcos pesqueros, el secuestro de trabajadores del mar, ametrallamiento y cañoneo de buques mercantes, atentados contra las Minas de Matahambre, en Pinar del Río; ataque con lanchas piratas contra la planta de sulfometales Cubanitro en noviembre de 1966 y agosto de 1968, el desvío forzoso de aviones comerciales y su aterrizaje en suelo norteamericano, agresiones a sedes diplomáticas y comerciales de la Isla en el exterior, desembarco de grupos armados y ametrallamiento de caseríos costeros como el de Boca de Samá, el 12 de octubre de 1971, en la zona de Banes, que produjo la muerte de dos adultos y heridas y mutilaciones a dos niños.
En diciembre de aquel año, y como prueba fehaciente de la mano de la CIA en los planes anticubanos, fueron capturados cerca de las costas cubanas, los buques norteamericanos Layla Express y Johnny Express, destinados por la Agencia a desembarcar grupos de asalto, armas y explosivos.

Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU)

En junio de 1976 los servicios norteamericanos de inteligencia dieron un paso en extremo agresivo al promover la fusión de cinco grupos terroristas en la llamada Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), con la inclusión de personajes de la catadura de Orlando Bosch y Luis Posada Carriles. Apenas dos meses después la prensa contrarrevolucionaria, luego de atentados dinamiteros contra la embajada de Cuba en Colombia y una oficina de Air Panamá vinculada a la Isla, publicaba la nueva intención de aquel engendro: "Muy pronto atacaremos aeronaves en vuelo".
El 9 de julio de 1976, en el aeropuerto de [[Kingston, [[Jamaica, explotó una bomba colocada en el equipaje que debía ser trasladado a una nave de la aerolínea Cubana de Aviación. Un casual retraso en el vuelo evitó la destrucción en el aire del avión comercial.
Sin embargo, el 6 de octubre, y a instancias de Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, frente a las costas de Barbados, 73 personas perecían cuando el aparato CUT- 1201 estallaba en plena trepada a cuenta de sendas bombas colocadas en diversos puntos del aparato por los mercenarios venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo.
Los planes que desembocaron en tamaño crimen fueron conocidos con antelación por Washington, que permaneció con los brazos cruzados. Los principales implicados lograron evadir la justicia con el apoyo de la CIA y la Fundación Nacional Cubano Americana.
De aquellos días dijo el connotado terrorista Guillermo Novo Sampol en entrevista concedida a la prensa: "Cuando mueren pilotos cubanos, diplomáticos o miembros de sus familias a mí no me causa pena, la muerte de estas personas siempre me alegra".
La ola de atentados prosiguió durante esta etapa, y tuvo un particular acento en los ataques contra entidades cubanas en el exterior, desde oficinas comerciales y turísticas, hasta sedes diplomáticas y dependencias extranjeras con vínculos con La Habana.
El 30 de junio de 1997 un fuego provocado destruyó el teatro Amadeo Roldán, en La Habana, y el 8 de mayo de 1980, manos asesinas incendiaron un edificio de diez plantas en el municipio capitalino de Marianao donde radicaba el Círculo infantil Le Van Tam, con 570 niños y trabajadores en sus dependencias, que fueron rescatados por una espontánea movilización popular.

Fundación Nacional Cubano Americana

Desde finales de 1993 la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) se dedicaba con afán al reclutamiento de mercenarios para llevar a cabo acciones terroristas en dependencias económicas del país, y esencialmente en el floreciente sector turístico nacional. Desde El Salvador, Luis Posada Carriles se convirtió en el gran ejecutor del plan.
El 11 de marzo de 1994 es ametrallado desde el mar el hotel Guitart-Cayo Coco, y en marzo de 1995 son apresados en el aeropuerto de La Habana los ciudadanos norteamericanos de origen cubano Santos Armado Martínez y José Enrique, que habían colocado una carga explosiva de C-4, detectada y desactivada, en un hotel de Varadero. Los agentes habían sido pagados por Ángel Bonet, Guillermo Novo Sampoll y Arnaldo Monzón, todos de la FNCA.
El 12 de abril de 1997 estalló otra carga de C-4 en los baños de la discoteca Aché, del hotel Meliá Cohíba, y el día 30 fueron descubiertos nuevos explosivos en esa última instalación turística.
Reclutado por Posada Carriles, el mercenario salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León hizo estallar sendas bombas en los hoteles Capri y Nacional en agosto de aquel año, y Copacabana, Chateau, Tritón y el restaurante La Bodeguita del Medio en los primeros días de septiembre. Uno de esos artefactos asesinó al joven turista italiano Fabio di Celmo, quien, según declaraciones públicas del propio Luis Posada Carriles, "estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado", y cuya muerte no le evitaba "dormir como un bebé".
En esa etapa fueron detenidos en la terminal aérea habanera cerca de una decena de "turistas" llegados con explosivos disimulados para atacar la industria nacional del ocio, y el 10 de junio de 1998 se produjo el apresamiento de otro salvadoreño, Otto René Rodríguez Llerena, también pagado por Posada Carriles, para destruir con C-4 el Memorial Ernesto Che Guevara, en Santa Clara; la Plaza Antonio Maceo, de Santiago de Cuba; el Museo de la Revolución y el Memorial Granma, ambos en la capital.

Guerra biológica

El 18 de enero de l962 la CIA presentó las 32 tareas que conformaron la base de la Operación Mangosta. En el acápite número 21 se especificaba: "La Agencia someterá el 15 de febrero un plan para provocar fracasos en las cosechas alimentarias en Cuba". ¿Declaración de la guerra biológica? Todo indica que sí.
Ese mismo año apareció en Pinar del Río, La Habana, Matanzas y Oriente, la enfermedad llamada newcastle, que provocó el sacrificio de más de un millón de aves de corral, y para 1971 se manifestó el primer brote de fiebre porcina, que obligó a la eliminación de 500 mil cerdos, y que llegó a suelo cubano desde la base norteamericana de Fort Gullick, radicada en el Canal de Panamá.
En los meses y años subsiguientes habría que enfrentar la irrupción de la roya de la caña de azúcar, el moho azul del tabaco, enfermedades en el ganado bovino, la (Sigatoka negra del plátano), el pulgón negro del cítrico, la hemorragia viral del conejo, la broca del café, la varroasis de la abeja, la úlcera de la trucha, el ácaro del arroz (plaga de origen asiático nunca detectada en este hemisferio), y el Trihps palmi de la papa, cuyo introducción estuvo a cargo de una avioneta norteamericana que el 23 de octubre de 1996 cruzó el corredor aéreo internacional Girón, sobre la provincia de Matanzas.
Pero la inoculación de enfermedades no se limitó a plantaciones ni rebaños. Washington atentó además muy directo contra la salud y la vida de los cubanos. En 1981 una epidemia de Dengue hemorrágico de alta virulencia causó la muerte a 158 personas, entre ellas 101 niños. Ensayos de laboratorio demostraron que las cepas diseminadas en Cuba distaban genéticamente de las que circulaban entonces en otras naciones del Caribe, lo que induce a pensar en su manipulación artificial en entidades norteamericanas.
Por otra parte, los tres focos iniciales de infectación radicaban apenas unos pocos kilómetros de dos de los tres corredores aéreos internacionales que cruzan el país. Más de 344 mil cubanos enfermaron entonces, y fue el desarrollo científico y médico impulsado por la Revolución el que pudo contener la pandemia de manera efectiva.
Ese mismo año se reportó el brote de la conjuntivitis hemorrágica, producida por el agente patógeno enterovirus 70 que, según la Oficina Panamericana de la Salud, nunca había estado presente en esta región del planeta. Algo similar discurrió con el estallido de disentería ocurrido por las mismas fechas en el territorio de Guantánamo, cerca de la base naval estadounidense, y que mató a 18 niños cubanos.

Títeres de la CIA

La creación del frente político interno pretendía hacer creer que las agresiones contra Cuba, que de inmediato se multiplicarían, era un asunto entre cubanos. Según el documento aprobado, una de las funciones básicas de aquel bloqueo o frente externo sería la de servir de cubiertas, para otras compartimentadas acciones de la CIA.
El 20 de junio de 1960, en el hotel Comodoro de Nueva York, fue presentado públicamente el autotitulado Frente Revolucionario Democrático (FRD), embrión de la actual mafia terrorista con sede en Miami.
Al referirse a los líderes del FRD, un oficial de la CIA se referiría a los líderes del de la siguiente manera: "Esos hombres no son más que títeres".
Para integrar al FRD, la CIA seleccionó a viejos representantes de la política, opuestos a la dictadura batistiana, pero temerosos de una revolución verdadera, que dirigían pequeñas organizaciones como:Triple A, de Aureliano Sánchez Arango, Agrupación Montecristi, de Justo Carrillo. Así también se seleccionaron a líderes de organizaciones contrarrevolucionarias creadas expresamente para la nueva operación subversiva como son: Rescate de Antonio Tony Varona, Movimiento Demócrata Cristiano, de José Ignacio Rasco; Movimiento de Recuperación Revolucionaria, de Manuel Artime.
A esas organizaciones, la CIA las convirtió en un aparato clandestino tanto para la recopilación de inteligencia como para la acción. Se trataba en realidad de una red interna de espionaje y acciones terroristas al servicio del gobierno de Estados Unidos, que trajo consigo la realización de centenares de sabotajes, asesinatos y otros actos terroristas en las ciudades, mientras promovía bandas de alzados en las montañas


viernes, 12 de octubre de 2012

EL AGENTE RUSO QUE CONOCIÓ AL CHE

10 Octubre 2012 Haga un comentario
Nikolai Leonov
Nikolai Leonov

En 1956, Nikolai Leonov no era todavía un Teniente General, ni mucho menos un agente de inteligencia. Entonces, Ernesto Guevara todavía no era el Che. Ambos jóvenes se conocieron en México, cuando Nikolai estudiaba español en la Universidad Autónoma de México (UNAM). Toda una vida después, el ahora ex diputado Leonov, de 84 años, habla de sus recuerdos sobre el Che. Lo que podría llamar “la dimensión histórica” de esa figura tal vez obligó a este militar a hablar del Che sin hacer mucho hincapié en el jóven que conoció en la capital mexicana.
Leonov describe al Che como una figura sobrecogedora, “la personificación de los tipos míticos y literarios que siempre han tocado la fibra sensible de la gente.” En una entrevista concedida a la agencia rusa RIA Novosti y publicada el 9 de octubre de 2012, el antiguo agente de la KGB compara al Guerrillero Heroico con Cristo y el Quijote.
Respecto a sus encuentros posteriores, Leonov dijo que el Che estaba impresionado por la reacción de la Unión Soviética ante la Revolución Cubana, en particular por la disposición del gobierno socialista de Moscú, encabezado por Nikita Jruschov, a ofrecer ayuda. En defensa de las leyendas negras construidas alrededor de la imagen de Guevara, afirma que “nadie que lo conociera podría pensar en un momento en que Che Guevara fuera cruel.”
También recordó la ocasión en que el Guerrillero Heroico viajó a Moscú en una misión comercial para conseguir mercado para las 2 millones de toneladas de azúcar que Estados Unidos no compraría después del cese de las relaciones con Cuba.
En el contexto de un mundo donde la imagen del Che aparece en las manifestaciones de las “Revoluciones de Color”, ocurridas en el Oriente Medio, en el espacio post-soviético o en Europa del Este, Leonov dice que sería incorrecto comparar el internacionalismo de su amigo Guevara con las revueltas promovida por Estados Unidos.
“Ninguno de los que están organizando las Revoluciones de Color lloran al ver la angustia de otros pueblos, el Che Guevara sí lo hizo. Por eso fue al Congo, a Bolivia y Cuba.”
Leonov cree que Estados Unidos actuó de prisa para deshacerse del Che, al verlo como un “peligro colosal, más grande que una bomba nuclear lanzada sobre territorio estadounidense. Su imagen todavía acosa a los EE.UU.”
(Traducción de Javier Ortiz de RiaNovosti en inglés)

miércoles, 10 de octubre de 2012

EL AGENTE RUSO QUE CONOCIÓ AL CHE

10 Octubre 2012
Nikolai Leonov
Nikolai Leonov

En 1956, Nikolai Leonov no era todavía un Teniente General, ni mucho menos un agente de inteligencia. Entonces, Ernesto Guevara todavía no era el Che. Ambos jóvenes se conocieron en México, cuando Nikolai estudiaba español en la Universidad Autónoma de México (UNAM). Toda una vida después, el ahora ex diputado Leonov, de 84 años, habla de sus recuerdos sobre el Che. Lo que podría llamar “la dimensión histórica” de esa figura tal vez obligó a este militar a hablar del Che sin hacer mucho hincapié en el jóven que conoció en la capital mexicana.
Leonov describe al Che como una figura sobrecogedora, “la personificación de los tipos míticos y literarios que siempre han tocado la fibra sensible de la gente.” En una entrevista concedida a la agencia rusa RIA Novosti y publicada el 9 de octubre de 2012, el antiguo agente de la KGB compara al Guerrillero Heroico con Cristo y el Quijote.
Respecto a sus encuentros posteriores, Leonov dijo que el Che estaba impresionado por la reacción de la Unión Soviética ante la Revolución Cubana, en particular por la disposición del gobierno socialista de Moscú, encabezado por Nikita Jruschov, a ofrecer ayuda. En defensa de las leyendas negras construidas alrededor de la imagen de Guevara, afirma que “nadie que lo conociera podría pensar en un momento en que Che Guevara fuera cruel.”
También recordó la ocasión en que el Guerrillero Heroico viajó a Moscú en una misión comercial para conseguir mercado para las 2 millones de toneladas de azúcar que Estados Unidos no compraría después del cese de las relaciones con Cuba.
En el contexto de un mundo donde la imagen del Che aparece en las manifestaciones de las “Revoluciones de Color”, ocurridas en el Oriente Medio, en el espacio post-soviético o en Europa del Este, Leonov dice que sería incorrecto comparar el internacionalismo de su amigo Guevara con las revueltas promovida por Estados Unidos.
“Ninguno de los que están organizando las Revoluciones de Color lloran al ver la angustia de otros pueblos, el Che Guevara sí lo hizo. Por eso fue al Congo, a Bolivia y Cuba.”
Leonov cree que Estados Unidos actuó de prisa para deshacerse del Che, al verlo como un “peligro colosal, más grande que una bomba nuclear lanzada sobre territorio estadounidense. Su imagen todavía acosa a los EE.UU.”
(Traducción de Javier Ortiz de RiaNovosti en inglés)

martes, 9 de octubre de 2012

CHE GUEVARA, VISTO POR JAVIER GUERRA

9 Octubre 2012

Este ocho de octubre fue inaugurada en el Memorial José Martí una muestra expositiva del artista Javier Guerra, que incluye más de diez dibujos de gran formato (carboncillo sobre tela), inspirados en la figura del Guerrillero Heroico, de cuya muerte van a cumplirse 45 años este martes. Como dijo recientemente el destacado fotógrafo y artista plástico Roberto Chile, “estas exposiciones se convierten en espacios para entregar un grano de poesía al Che y a la Revolución. Rendirle homenaje al Che con Arte revolucionario, contemporáneo; con el Arte de nuestros corazones”.
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Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cbadebate.
Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.



Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cbadebate.
Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

 




Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cbadebate.
Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.




Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cbadebate.
Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.



Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cbadebate.
Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.



Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cbadebate.
Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.



Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cbadebate.
Exposición de Javier Guerra en Memorial José Marti dedicada el Che. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.





EL CHE GUEVARA Y EL NUEVE DE OCTUBRE


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9 Octubre 2012

/Carlos Manuel Alvarez.

Cuando yo nací, el Che Guevara ya estaba muerto y su retrato había aparecido en la portada de la revista Life. Hay, ciertamente, pocos rostros tan impresionantes como los rostros de este hombre. Contadas imágenes o palabras provocan una compresión y un sobrecogimiento semejantes a los que sobrevienen con esas fotografías en las que siempre, sea en una posición u otra, en este o en aquel país, como un secreto que no resiste más, se deja ver la estampa misma de la sugestión.
Perdonen la confidencia, pero yo he llegado a su persona desde los terrenos más pueriles, desde las situaciones menos épicas. En caso de que quieran decir algo, ¿qué es lo que dicen los rostros del Che? ¿Hacia dónde, por ejemplo, miraba aquella tarde de 1960 en que Korda lo tomó desprevenido y lo incrustó con fiereza en todas las banderas y todos los pulóveres del mundo?
Los sucesos de La Coubre complementan las connotaciones dramáticas que por sí solas se desprenden de su cara, y hacen que olvidemos algo. El Che observaba los cadáveres, el mar de cubanos rabiosos, el hecho consumado y sin retroceso, el hombre envuelto en el vertiginoso remolino de la historia, el paso del tiempo, las víctimas como causa, pero también como azar, y así, sin que hayamos reparado nunca, la inmanencia le viene porque no mira la guerra con la gravedad o la cercanía de los estadistas, sino con la gravedad o la cercanía de los poetas. El Che era el Che, y era, además, Byron.
Hoy no. Hoy es otra cosa. Y esa condición oblicua no es exactamente la que prende en los eternos rebeldes, en las descafeinadas barricadas contemporáneas, en los adolescentes incendiarios. Los héroes corren dos riesgos gravísimos, siempre latentes. Primero: el hecho de sobrevivir a su propia heroicidad. Segundo: el hecho de no sobrevivirla. Primero: el hecho de que se les mitifique en vida. Segundo: el hecho de que se les mitifique en muerte. Todos los mitos son malos arquetipos de mitos anteriores, los cuales, a su vez, fueron reproducidos sobre el mito de Prometeo, tan falaz.
Los grandes hombres no son grandes hombres. Sus actos íntimos son comunes. Sus actos públicos y sus actos históricos también. Pero tampoco son sujetos de esquina. (No dejen, estudiantes, que los engañen con ninguna de estas farsas.) El Che recorre el continente en moto, y no podía sospechar, tan muchacho como era, que ese viaje era un viaje sin retroceso, un trayecto sin fin. En primera instancia, recorrer Latinoamérica es una acción natural que muchos otros han hecho antes y después.
El Che no sabrá nunca que terminará en México y, por más que se lo haya pensado madrugadas enteras, no sabrá tampoco cómo es que cae en la Sierra Maestra, y después en La Habana, y luego en la ONU, y más tarde en el Congo, y Europa del Este, y de nuevo La Habana, y casi finalmente Bolivia, y por último la muerte, y con la muerte el símbolo que es. Así como otros entran al ruedo del crimen, o de la diplomacia, o del aburrimiento, en algún momento el Che Guevara entró al ruedo de las epopeyas. Un ruedo, en esencia, igual a los demás. Si el crimen cambia la vida de unos pocos, la diplomacia la vida de nadie, y el aburrimiento la vida personal, las epopeyas cambian la vida de millones de personas, y esa es, visto así, la única diferencia, puramente cuantitativa.
Sin embargo, hay otro rasgo distintivo: el rasgo poético. Que no se define en los hechos, sino en el pensamiento. No se define en subir al Granma, sino en la decisión de subir al Granma. No se define en irse a Bolivia, sino en convencerse de que es imprescindible irse a Bolivia, y que para ello tan solo se cuenta con lo que cuenta el resto. Es decir, un cuerpo y un ideal (todos tenemos un ideal, por mezquino que sea). Que tus actos individuales tengan una finalidad colectiva es la verdadera distinción de estos hombres. Entender el destino de la humanidad como tu destino. O darle, en suma, esa explicación.
Lo que hace héroe al héroe es la completa disposición hacia empresas que rebasan sus límites físicos de sujetos normales. Lo que los hace sujetos normales es que a pesar de subordinar la realidad a pretensiones impensadas por el resto, no pueden hacer otra cosa que iniciar las revoluciones de cero, paso a paso, casi inconscientemente, con la misma inexplicable y ordinaria secuencia que alguien comienza un libro, o planifica un atraco, o termina una casa. ¿En qué momento justo los héroes se convierten en héroes? En ninguno. No hay, a pesar de las efemérides, momentos justos. Los héroes se convierten en héroes en el momento que se explican poéticamente. ¿Qué hay, pues, más épico que un poeta? Pero también, ¿qué hay más absurdo?
El asesinato del Che marca el fin de una época, y no deja de ser un acto ejecutado por un rapaz subalterno, un gatillo llevado hacia atrás por un don nadie. Cuando se mitifiquen las ideas, siempre tan férreas, y no los hechos, siempre tan manipulables, entenderemos a plenitud esa aparente contradicción.
La retórica pública establece un orden falso, lleno de imprecisiones y alarmantemente vacío de luminosos detalles. Tres mínimas escenas hacen que para mí el resto de la vida del Che adquiera las connotaciones que supuestamente se pide que tenga. Las tres son en los meses finales de su vida.
La primera cuando le dice a Aleida March, antes de irse para Bolivia, que eso es lo único que le puede dejar, lo único íntimamente suyo. ¿Qué? Una cinta con su voz, donde se escucha un poema de Vallejo y otro de Neruda. Pensemos en todo lo que el Che ha vivido, pensemos en el hombre que se ha ido convirtiendo, en todo lo que ha viajado y en toda la política internacional que ha hecho. Y pensemos luego en cómo lo único íntimamente suyo son esos versos escritos por otros, a esas alturas escritos por nadie.
La segunda ya en Bolivia, en plena guerrilla, cuando se aparta y trepa en un árbol y se roba tiempo para revisar un libro.
Y la tercera, escena que no aparece en ningún lugar, y que no es la fotografía bíblica con ojos entrecerrados de la revista Life, son esos segundos finales en los que el Che yace amarrado en un piso de tierra, de una casa presumiblemente de adobe, sucio, barbudo, en el corazón de la selva sudamericana, definitivamente por el suelo sus utopías, segundos en los que el mundo lo ha dejado solo, segundos en los que no recibe los aplausos de la Asamblea General, segundos durante los cuales nadie marcha por ninguna ciudad con su rostro en ninguna bandera, segundos en los que nadie llega y paga unos dólares y dice hágame el favor de tatuarme al Che Guevara, segundos en los que adelgaza considerablemente, pero no sufre hambre, segundos en los que sueña, en los que se vuelve intermitente y duro como una roca, en los que ni siquiera descubren sus huesos, en los que su guerrilla ya no existe, en los que piensa en Rosario o en sus hijos o, tal como aseguró, en Cuba, aun cuando no sepamos si en verdad lo hizo, segundos en los que sabe que va a morir a manos de vulgares soldados y sabe además que no existe ninguna escapatoria.
Nada de esto lo he aprendido en los oradores de devoción gratuita. El Che es el único muerto que no me parece muerto, pero que duele como si lo acabaran de rematar.

FIDEL RECONSTRUYE ÚLTIMO COMBATE DEL CHE GUEVARA EN BOLIVIA



Prólogo de Fidel al Diario del Che en Bolivia

Una introducción necesaria

Era costumbre del Che en su vida guerrillera anotar cuidadosamente en un Diario personal sus observaciones de cada día. En las largas marchas por terrenos abruptos y difíciles, en medio de los bosques húmedos, cuando las filas de los hombres, siempre encorvados por el peso de las mochilas, las municiones y las armas, se detenían un instante a descansar, o la columna recibía la orden de alto para acampar al final de fatigosa jornada, se veía al Che -como cariñosamente lo bautizaron desde el principio los cubanos- extraer una pequeña libreta y con su letra menuda y casi ilegible de médico, escribir sus notas.
Lo que pudo conservar de esos apuntes le sirvió luego para escribir sus magníficas narraciones históricas de la guerra revolucionaria en Cuba, llenas de contenido revolucionario, pedagógico y humano.
Esta vez, gracias a aquel invariable hábito suyo de ir anotando los principales hechos de cada día, podemos disponer de una información pormenorizada, rigurosamente exacta e inapreciable de aquellos heroicos meses finales de su vida en Bolivia.
Esas anotaciones, no escritas propiamente para la publicación, le servían como instrumento de trabajo para la evaluación constante de los hechos, las situaciones y los hombres, a la vez que daban cauce a las expresiones, de su espíritu profundamente observador, analítico, y muchas veces matizado de fino humorismo. Están sobriamente redactadas y poseen ininterrumpida coherencia desde el principio hasta el fin.
Téngase en cuenta que fueron escritas en los ratos escasísimos de descanso, en medio de épico y sobrehumano esfuerzo físico y de sus agotadoras obligaciones como jefe de un destacamento guerrillero en la difícil etapa de los comienzos de una lucha de esta naturaleza, que se desenvolvía en condiciones materiales increíblemente duras, lo que revela una vez más su estilo de trabajo y su voluntad de hierro.
En este Diario, al analizar en detalle los incidentes de cada día, se hacen constar faltas, críticas y recriminaciones que son propias e inevitables en el desarrollo de una guerrilla revolucionaria.
En el seno de un destacamento guerrillero esas críticas se tienen que producir incesantemente, sobre todo en la etapa en que está constituido sólo por un pequeño núcleo, enfrentados a condiciones materiales sumamente adversas y a un enemigo infinitamente superior en número, cuando el menor descuido o la más insignificante falta pueden resultar fatales y el jefe debe ser exhaustivamente exigente, a la vez que utilizar cada hecho o episodio, por insignificante que parezca, para educar a los combatientes y futuros cuadros de los nuevos destacamentos guerrilleros.
El proceso de formación de la guerrilla es un incesante llamado a la conciencia y al honor de cada hombre. El Che sabía tocar las fibras más sensibles de los revolucionarios. Cuando Marcos, reiteradamente amonestado por el Che, fue advertido de que podía ser expulsado deshonrosamente de la guerrilla, respondió:
“¡Antes fusilado!” Más adelante dio su vida heroicamente. Similar fue el comportamiento de todos los hombres en los que puso su confianza y a los cuales se vio en la necesidad de amonestar por alguna u otra causa en el transcurso de la lucha. Jefe fraternal y humano sabía también ser exigente y en ocasiones severo; pero lo era en primer lugar y en mayor grado que con los demás, consigo mismo. Che basaba la disciplina en la conciencia moral del guerrillero y en la fuerza tremenda de su propio ejemplo.
El Diario contiene también numerosas referencias a Debray y evidencian la enorme preocupación que suscitó en el Che el arresto y encarcelamiento del escritor revolucionario a quien había encomendado una misión en Europa, aunque en el fondo habría deseado que aquél permaneciera en la guerrilla. Por eso manifiesta cierta inconformidad, y en ocasiones algunas dudas, sobre su comportamiento.
Che no tuvo posibilidad de conocer la odisea vivida por Debray en las garras de los cuerpos represivos y la actitud firme y valerosa mantenida por este ante sus captores y torturadores.
Destacó, sin embargo, la enorme importancia política del proceso, y, el 3 de octubre, seis días antes de su muerte, en medio de amargos y tensos sucesos, consigna: “Se escuchó una entrevista de Debray muy valiente frente a un estudiante provocador”, siendo ésta su última referencia al escritor.
Como en este Diario la Revolución Cubana y sus relaciones con el movimiento guerrillero aparecen reiteradamente señaladas, algunos pudieran interpretar que su publicación por nuestra parte constituye un acto de provocación que dará argumentos a los enemigos de la Revolución y a los imperialistas yanquis y sus aliados, los oligarcas de América Latina, para redoblar sus planes de bloqueo, aislamiento y agresión a Cuba.
A los que así juzgan los hechos, es bueno recordarles que el imperialismo yanqui no ha necesitado nunca de pretextos para perpetrar sus fechorías en cualquier lugar del mundo y que sus esfuerzos para aplastar la Revolución Cubana se iniciaron desde la primera ley revolucionaria promulgada en nuestro país, por el obvio y conocido hecho de que ese imperialismo es el gendarme de la reacción mundial, promotor sistemático de la contrarrevolución y protector de las estructuras sociales más retrógadas e inhumanas que subsisten en el mundo.
La solidaridad con el movimiento revolucionario puede ser tomada como pretexto, pero nunca será la causa de las agresiones yanquis. Negar la solidaridad para negar el pretexto es ridícula política de avestruz, que nada tiene que ver con el carácter internacionalista de las revoluciones sociales contemporáneas. Dejar de solidarizarse con el movimiento revolucionario no es negarle un pretexto sino solidarizarse de hecho con el imperialismo yanqui y su política de dominio y esclavización del mundo.
Cuba es un pequeño país de economía subdesarrollada, como todos los que fueron durante siglos dominados y explotados por el colonialismo y el imperialismo, situada sólo a 90 millas de las costas de Estados Unidos, con una base naval yanqui en su propio territorio, que se enfrenta a numerosos obstáculos por llevar a cabo su desarrollo económico-social. Grandes peligros se han cernido sobre nuestra Patria desde el triunfo de la Revolución, pero no por ello conseguirá el imperialismo doblegarla, sin que deban importarnos las dificultades que una línea revolucionaria consecuente pueda conllevar.
Desde el punto de vista revolucionario la publicación del Diario del Che en Bolivia no admite alternativa. El Diario del Che quedó en poder de Barrientos, que de inmediato entregó copia a la CIA, al Pentágono y al gobierno de Estados Unidos. Periodistas allegados a la CIA tuvieron acceso al documento en la propia Bolivia y sacaron copias fotostáticas del mismo, aunque con el compromiso de abstenerse, por el momento, de publicarlo.
El gobierno de Barrientos y los más altos jefes militares tienen sobradas razones para no publicar el Diario, donde se puede constatar la inmensa incapacidad de su ejército y las incontables derrotas que sufrieron en manos de un puñado de guerrilleros decididos que en unas pocas semanas le arrebató en combate cerca de doscientas armas.
Che describe además a Barrientos y su régimen en los términos a que es acreedor con palabras que no podrán borrarse de la historia.
Por otro lado, el imperialismo tenía también sus razones: Che y su ejemplo extraordinario cobran fuerza cada vez mayor en el mundo. Sus ideas, su retrato, su nombre, son banderas de lucha contra las injusticias entre los oprimidos y los explotados y suscitan interés apasionado entre los estudiantes y los intelectuales de todo el mundo.
En los propios Estados Unidos el movimiento negro y los estudiantes progresistas, que son cada vez más numerosos, han convertido en algo suyo la figura del Che. En las manifestaciones más combativas por los derechos civiles y contra la agresión a Vietnam, sus retratos son esgrimidos como emblemas de lucha. Pocas veces en la historia, o tal vez nunca, una figura, un nombre, un ejemplo, se han universalizado con tal celeridad y apasionante fuerza. Es que el Che encarna en su forma más pura y desinteresada el espíritu internacionalista que caracteriza al mundo de hoy y cada vez al de mañana.
De un continente oprimido ayer por las potencias coloniales, explotado hoy y mantenido en el retraso y en el subdesarrollo más inicuo por el imperialismo yanqui, surge esa singular figura que se convierte en aliento universal de lucha revolucionaria hasta en las propias metrópolis imperialistas y colonialistas.
Los imperialistas yanquis temen la fuerza de ese ejemplo y todo lo que pueda contribuir a divulgarlo. Es el valor intrínseco del Diario, expresión viva de una personalidad extraordinaria, lección guerrillera escrita al calor y la tensión de cada día, pólvora inflamable, demostración real de que el hombre latinoamericano no es impotente frente a los esclavizadores de pueblos y sus ejércitos mercenarios, lo que les ha impedido hasta hoy darlo a la publicidad.
Pudieran estar también interesados en que este Diario no se conociera nunca. Los seudorrevolucionarios, oportunistas y charlatanes de toda laya, que autoconceptuándose marxistas, comunistas y otros títulos por el estilo, no han vacilado en calificar al Che de equivocado, aventurero, y cuando más begnignamente, idealista, cuya muerte es el canto de cisne de la lucha armada revolucionaria en América Latina. “¡Si el Che -exclaman-, máximo exponente de esas ideas y experimentado guerrillero, fue muerto en las guerrillas y su movimiento no liberó a Bolivia, eso demuestra cuán equivocado estaba…!” ¡Cuántos de estos miserables se habrán alegrado de la muerte del Che, sin sonrojarse siquiera de pensar que sus posiciones y razonamientos coinciden por entero con los de los oligarcas más reaccionarios y el imperialismo!
De este modo se justifican a sí mismos, o justifican a dirigentes traidores que en determinado momento no vacilaron en jugar a la lucha armada con el verdadero propósito -según se pudo ver luego- de destruir a los destacamentos guerrilleros, frenar la acción revolucionaria e imponer sus vergonzosas y ridículas componendas políticas, porque eran absolutamente incapaces de ninguna otra línea; o a los que no quieren combatir, ni combatirán jamás, por el pueblo y su liberación y han caricaturizado las ideas revolucionarias haciendo de ellas opio dogmático sin contenido ni mensaje a las masas, y convertido las organizaciones de lucha del pueblo en instrumentos de conciliación con los explotadores internos y externos, y propugnadoras de políticas que no tienen nada que ver con los intereses reales de los pueblos explotados en este continente.
Che contemplaba su muerte como algo natural y probable en el proceso y se esforzó en recalcar, muy especialmente en sus últimos documentos, que esa eventualidad no impediría la marcha inevitable de la revolución en América Latina. En su mensaje a la Tricontinental reiteró ese pensamiento: “Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo… En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas”.
Se consideró a sí mismo soldado de esa revolución, sin preocuparle en absoluto sobrevivir a ella. Los que ven en el desenlace de su lucha en Bolivia el fracaso de sus ideas, con el mismo simplismo pudieran negar la validez de las ideas y las luchas de todos los grandes precursores y pensadores revolucionarios, incluidos los fundadores del marxismo, que no pudieron culminar la obra y contemplar en vida los frutos de sus nobles esfuerzos.
En Cuba, ni la muerte en combate de Martí y de Maceo, a las que siguió más tarde la intervención yanqui cuando finalizaba la Guerra de Independencia, frustrando en lo inmediato el objetivo de sus luchas, ni la de brillantes propugnadores de la revolución socialista como Julio Antonio Mella, asesinado por agentes al servicio del imperialismo, pudieron impedir a la larga el triunfo de un proceso que comenzó hace cien años, y nadie en absoluto podría poner en duda la profunda justeza de la causa y la línea de lucha de aquellos próceres, ni la vigencia de sus ideas esenciales que inspiraron siempre a los revolucionarios cubanos.
En el Diario del Che se pueden apreciar cuán reales eran sus posibilidades de éxito y cuán extraordinario el poder catalizador de la guerrilla, como él consigna en sus apuntes. En cierta ocasión, ante los evidentes síntomas de debilidad y rápido deterioro del régimen boliviano, expresó: “El gobierno se desintegra rápidamente, lástima no tener cien hombres más en este momento”.
Che conocía por su experiencia en Cuba cuántas veces nuestro pequeño destacamento guerrillero estuvo a punto de ser exterminado. Pudo ocurrir así en dependencia casi absoluta de los azares e imponderables de la guerra, mas, tal eventualidad, ¿habría dado a nadie el derecho a considerar errónea nuestra línea y tomarla además como ejemplo para desalentar a la revolución e inculcar en los pueblos la impotencia? ¡Muchas veces en la historia los procesos revolucionarios estuvieron precedidos de episodios adversos! Nosotros en Cuba, ¿no tuvimos acaso la experiencia del Moncada apenas seis años antes del triunfo definitivo de la lucha armada del pueblo?
Para muchos, entre el 26 de julio de 1953, ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, y el 2 de diciembre de 1956, desembarco del “Granma”, la lucha revolucionaria en Cuba frente a un ejército moderno y bien armado carecía de toda perspectiva y la acción de un puñado de luchadores era vista como quimera de idealistas e ilusos “que estaban profundamente equivocados”. La derrota aplastante y la dispersión total del inexperto destacamento guerrillero el 5 de diciembre de 1956 pareció confirmar por entero los pesimistas augurios… Pero, sólo 25 meses después, los restos de aquella guerrilla habían desarrollado ya la fuerza y experiencia necesarias para aniquilar aquel ejército.
Para no luchar habrá siempre sobrados pretextos en todas las épocas y en todas las circunstancias, pero será el único camino de no obtener jamás la libertad. El Che no sobrevivió a sus ideas, pero supo fecundarlas con su sangre. Con toda seguridad sus críticos seudorrevolucionarios, con su cobardía política y su eterna falta de acción, sobrevivirán a la evidencia de su propia estupidez.
Es notable, como se verá en el Diario, que uno de esos especímenes revolucionarios que ya van siendo típicos en América Latina, Mario Monje, esgrimiendo el título de Secretario del Partido Comunista de Bolivia, pretendió discutirle al Che la jefatura política y militar del movimiento. Y puesto que alegó, además, el propósito de renunciar previamente para ello a su cargo partidista, a su juicio, por lo visto, le bastaba el título de haberlo sido para reclamar tal prerrogativa.
Mario Monje, por supuesto, no tenía ninguna experiencia guerrillera ni había librado jamás un combate, sin que por otro lado su autoconceptuación de comunista lo obligase siquiera a prescindir del grosero y mundano chovinismo que ya habían logrado superar los próceres que lucharon por la primera independencia.
Con semejante concepto de lo que debe ser la lucha antimperialista en este continente, tales “jefes comunistas” no han rebasado siquiera el nivel internacionalista de las tribus aborígenes que sojuzgaron los colonizadores europeos en la época de la conquista.
Así, el jefe del Partido Comunista de un país que se llama Bolivia, y su capital histórica, Sucre, en honor de sus primeros libertadores que eran venezolanos uno y otro, que tuvo la posibilidad de contar para la definitiva liberación de su pueblo con la cooperación del talento político, organizador y militar de un verdadero titán revolucionario, cuya causa por demás no se limitaba a las fronteras estrechas, artificiales e incluso injustas de ese país, no hizo otra cosa que entrar en vergonzosos, ridículos e inmerecidos reclamos de mando.
Bolivia, por no tener salida al mar necesita más que ningún otro país, para su propia liberación, sin tener que exponerse a un atroz bloqueo, del triunfo revolucionario de los vecinos. Che era, además, por su prestigio enorme, su capacidad y su experiencia, el hombre que habría podido acelerar ese proceso.
Che había establecido relaciones con dirigentes y militantes del Partido Comunista boliviano, desde antes de producirse en el mismo la escisión, recabando de ellos la ayuda para el movimiento revolucionario en América del Sur. Algunos de esos militantes, autorizados por el Partido, trabajaron con él durante años en diversas tareas. Al producirse la escisión en dicho Partido, se creó una situación especial puesto que varios militantes de los que habían estado trabajando con él quedaron ubicados en uno u otro grupo. Pero Che no concebía la lucha en Bolivia como un hecho aislado sino como parte de un movimiento revolucionario de liberación que no tardaría en extenderse a otros países de América del Sur. Era su propósito organizar un movimiento sin espíritu sectario, para que a él se incorporasen todos los que quisieran luchar por la liberación de Bolivia y demás pueblos sojuzgados por el imperialismo en América Latina. Pero en la fase inicial de preparación de la base guerrillera venía dependiendo fundamentalmente de la ayuda de un grupo de valiosos y discretos colaboradores que al producirse la escisión habían permanecido en el Partido de Monje. Fue por deferencia con ellos que invitó, en primer término, a éste, a visitar su campamento, aunque ciertamente no experimentaba hacia él ninguna simpatía. Después invitó a Moisés Guevara, líder minero y político que se había separado de aquel Partido para cooperar en la formación de otra organización, y que luego también se había marginado de ella inconforme con Oscar Zamora, otro Monje que hacía algún tiempo se había comprometido con el Che a trabajar en la organización de la lucha armada guerrillera en Bolivia, rehuyendo después los compromisos y cruzándose cobardemente de brazos a la hora de la acción, para convertirse con posterioridad a su muerte en uno de sus más venenosos críticos, en nombre del “marxismo-leninismo”. Moisés Guevara se unió sin vacilación al Che, como le había ofrecido desde mucho antes de que éste llegara a Bolivia, le brindó su apoyo y entregó su vida heroicamente a la causa revolucionaria.
Otro tanto hizo el grupo de guerrilleros bolivianos que había permanecido hasta entonces en la organización de Monje. Dirigidos por Inti y Coco Peredo, que después demostraron ser valerosos y destacados combatientes, se apartaron de aquél y respaldaron decididamente al Che. Pero Monje, no satisfecho del resultado, se dedicó a sabotear el movimiento, interceptando en La Paz a militantes comunistas bien entrenados que iban a unirse a las guerrillas. Estos hechos demuestran cómo existen en las filas revolucionarias hombres bien dotados de todas las condiciones necesarias para la lucha, cuyo desarrollo es criminalmente frustrado por dirigentes incapaces, charlatanes y maniobreros.
Che fue hombre al que nunca le interesaron personalmente cargos, mandos ni honores, pero estaba firmemente convencido de que en la lucha revolucionara guerrillera -fundamental forma de acción para la liberación de los pueblos de América Latina, partiendo de la situación económica, política y social de casi todos los países latinoamericanos- el mando militar y político de la guerrilla debía estar unificado y que la lucha sólo podía ser dirigida desde la guerrilla y no desde cómodas y burocráticas oficinas urbanas. Y en este punto no estaba dispuesto a transigir, ni a entregarle a un inexperto seso-hueco de estrechas miras chovinistas el mando de un núcleo guerrillero destinado a desenvolver en su ulterior desarrollo una lucha de amplia dimensión en América del Sur. Che consideraba que ese chovinismo, que muchas veces infecta a los propios elementos revolucionarios de los diversos países de América Latina, debía ser combatido como un sentimiento reaccionario ridículo y estéril. “Que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario -dijo en su mensaje a la Tricontinental-… la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia…, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y deseable para un americano, un asiático, un africano, y aún, un europeo. Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego a la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado”.
Che pensaba igualmente que en el destacamento guerrillero participasen combatientes de distintos países latinoamericanos y que la guerrilla en Bolivia fuese escuela de revolucionarios que harían su aprendizaje en los combates. A su lado quiso tener para ayudarlo en esa tarea, junto a los bolivianos, un pequeño núcleo de guerrilleros con experiencia, que habían sido casi todos compañeros suyos en la Sierra Maestra, durante la lucha revolucionaria en Cuba, cuya capacidad, valor y espíritu de sacrificio conocía. De esos hombres ninguno vaciló en responder a su solicitud, ninguno lo abandonó y ninguno se rindió.
Che actuó en su campaña de Bolivia con el tesón, la maestría, el estoicismo y la ejemplar actitud que eran proverbiales en él. Puede decirse que impregnado de la importancia de la misión que se había asignado a sí mismo, procedió en todo instante con un espíritu de responsabilidad irreprochable. En aquellas ocasiones en que la guerrilla cometía algún descuido, se apresuraba en advertirlo y enmendarlo, consignándolo en su Diario.
Factores adversos se combinaron increíblemente en su contra. La separación -que debía ser por unos breves días- de una parte de la guerrilla, donde se encontraba un grupo valioso de hombres, algunos de ellos enfermos o convalecientes, al perderse el contacto entre ambos en un terreno sumamente accidentado, se prolongó durante interminables meses, que ocuparon el esfuerzo de Che en su búsqueda. En ese período el asma -una dolencia que solía dominar fácilmente con sencillos medicamentos, pero que faltando éstos se convertía para él en un terrible enemigo- lo atacó despiadadamente, deviniendo esto en un problema serio por el hecho de que las medicinas que previsoriamente había acumulado para la guerrilla fueron descubiertas y ocupadas por el enemigo. Este hecho, unido al aniquilamiento a fines de agosto de la parte de la guerrilla con la que había perdido el contacto, fueron factores que gravitaron considerablemente en el desarrollo de los acontecimientos. Pero Che, con voluntad de acero, se sobrepuso al malestar físico y en ningún instante su acción aminoró, ni decayó su ánimo.
Fueron numerosos sus contactos con los campesinos bolivianos. El carácter de éstos, sumamente desconfiados y cautelosos, no podía sorprender al Che, que conocía perfectamente bien su mentalidad por haberlos tratado en otras ocasiones, y sabía que para ganarlos a su causa se requería una labor prolongada, ardua y paciente, pero no albergaba ninguna duda de que a la larga lo obtendría.
Si se sigue con cuidado el hilo de los acontecimientos se verá que aun cuando el número de hombres con que contaba en el mes de septiembre, algunas semanas antes de su muerte, era muy reducido, todavía la guerrilla mantenía su capacidad de desarrollo y algunos cuadros bolivianos, como los hermanos Inti y Coco Peredo, se iban ya destacando con magníficas perspectivas de jefes. Fue la emboscada de Higueras, única acción exitosa del ejército contra el destacamento que mandaba el Che, matándole la vanguardia e hiriéndole varios hombres más en pleno día, cuando se trasladaban a una zona campesina de mayor desarrollo político -objetivo este que no aparece consignado en el Diario, pero que se sabe por los sobrevivientes-, lo que les creó una situación insuperable. Ese avance de día por la misma ruta que venían siguiendo durante varias jornadas en inevitablemente amplio contacto con los moradores de aquella zona que cruzaban por primera vez, y la obvia certeza de que el ejército debería interceptarlos en algún punto, era sin duda peligroso. Pero el Che, plenamente consciente de esto, decidió correr el riesgo para ayudar al médico que venía en muy mal estado físico.
El día anterior a la emboscada, escribe: “Llegamos a Pujio, pero allí había gente que nos había visto abajo el día anterior, vale decir: estamos siendo previstos por Radio Bemba…” “El caminar en mulo se hace peligroso, pero trato que el médico vaya lo mejor posible pues viene muy débil”.
Al día siguiente escribió: “A las 13 salió la vanguardia para tratar de llegar a Jagüey y allí tomar una decisión sobre las mulas y el médico”. Es decir, buscaba una solución para el enfermo, a fin de abandonar aquella ruta y tomar las precauciones necesarias. Pero aquella misma tarde, antes de que la vanguardia llegara a Jagüey se produjo la fatal emboscada que llevó al destacamento a una situación insostenible.
Días después, cercado en la quebrada del Yuro, libró su último combate.
Impresiona profundamente la proeza realizada por este puñado de revolucionarios. La sola lucha contra la naturaleza hostil en que desenvolvían su acción constituye una insuperable página de heroísmo. Nunca en la historia un número tan reducido de hombres emprendió una tarea tan gigantesca. La fe y la convicción absoluta en que la inmensa capacidad revolucionaria de los pueblos de América Latina podía ser despertada, la confianza en sí mismo y la decisión con que se entregaron a ese objetivo, nos da la justa dimensión de estos hombres.
Che dijo un día a los guerrilleros en Bolivia: “Este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de hombres; los que no puedan alcanzar ninguno de estos dos estadíos deben decirlo y dejar la lucha”.
Los que con él lucharon hasta el final se hicieron acreedores a estos honrosos calificativos. Ellos simbolizan el tipo de revolucionarios y de hombres a quienes la historia en esta hora convoca para una tarea verdaderamente dura y difícil: la transformación revolucionaria de América Latina.
El enemigo que enfrentaron los próceres de la primera lucha por la independencia, era un poder colonial decadente. Los revolucionarios de hoy tienen por enemigo al baluarte más poderoso del campo imperialista, equipado con la técnica y la industria más moderna. Ese enemigo no sólo organizó y equipó de nuevo un ejército en Bolivia, donde el pueblo había destruido la anterior fuerza militar represiva y le brindó inmediatamente el auxilio de sus armas y asistentes militares para la lucha contra la guerrilla, sino que brinda su aporte militar y técnico en la misma medida a todas las fuerzas represivas de este continente. Y cuando no bastan esas medidas, interviene directamente con sus tropas, como hizo en Santo Domingo.
Para luchar contra ese enemigo se requiere el tipo de revolucionarios y de hombres de que habló el Che. Sin ese tipo de revolucionarios y de hombres, dispuestos a hacer lo que ellos hicieron; sin el ánimo de enfrentarse a enormes obstáculos que ellos tuvieron; sin la decisión de morir que a ellos los acompañó en todo instante; sin la convicción profunda de la justicia de su causa y la fe inconmovible en la fuerza invencible de los pueblos que ellos albergaron, frente a un poder como el imperialismo yanqui, cuyos recursos militares, técnicos y económicos, se hacen sentir en todo el mundo, la liberación de los pueblos de este continente no sería alcanzada.
El propio pueblo norteamericano, que empieza a tomar conciencia de que la monstruosa superestructura política que rige su país no es ya hace mucho rato la idílica república burguesa que sus fundadores establecieron hace casi doscientos años, está sufriendo en un grado cada vez más alto la barbarie moral de un sistema irracional, enajenante, deshumanizado y brutal, que cobra en el pueblo norteamericano cada vez más víctimas de sus guerras agresivas, sus crímenes políticos, sus aberraciones raciales, su mezquina jerarquización del ser humano y el repugnante derroche de recursos económicos, científicos y humanos de su desmesurado aparato militar, reaccionario y represivo, en medio de un mundo en sus tres cuartas partes subdesarrollado y hambriento.
Pero sólo la transformación revolucionaria de América Latina permitiría al pueblo de Estados Unidos ajustar sus propias cuentas con ese mismo imperialismo, a la vez que en la misma medida la lucha creciente del pueblo norteamericano contra la política imperialista podría convertirlo en aliado decisivo del movimiento revolucionario en América Latina.
Y si esta parte del hemisferio no sufre una profunda transformación revolucionaria, la enorme diferencia y desequilibrio que se produjo a principios de este siglo entre la pujante nación que se industrializaba rápidamente, al mismo paso que marchaba por la propia ley de su dinámica social y económica hacia cumbres imperiales, y el haz de países débiles y estancados, sometidos a la coyunda de oligarquías feudales y sus ejércitos reaccionarios, en el balcanizado resto del continente americano, será apenas un pálido reflejo no ya del enorme desnivel actual en la economía, en la ciencia y en la técnica, sino del espantoso desequilibrio que, a pasos cada vez más acelerados, en veinte años más, la superestructura imperialista impondrá a los pueblos de América Latina.
Por ese camino estamos llamados a ser cada vez más pobres, más débiles, más dependientes y más esclavos de ese imperialismo. Esta sombría perspectiva afecta en grado igual a los pueblos subdesarrollados de <199>frica y Asia.
Si las naciones industrializadas e instruidas de Europa, con su Mercado Común y sus instituciones científicas supranacionales, se inquietan ante las posibilidades de quedarse rezagadas y contemplan con temor la perspectiva de convertirse en colonias económicas del imperialismo yanqui, ¿qué le depara el futuro a los pueblos de América Latina?
Si frente al cuadro de esta situación real e incuestionable, que decisivamente afecta al destino de nuestros pueblos, algún liberal o reformista burgués, o seudorrevolucionario charlatán, incapaz de la acción, tiene una respuesta que no sea una profunda y urgente transformación revolucionaria que pueda hacer acopio de todas las fuerzas morales, materiales y humanas de esta parte del mundo y lanzarlas hacia adelante, para recuperar el atraso económico y científico-técnico de siglos, cada vez mayor, con el mundo industrializado, del que somos tributarios y lo seremos cada vez más, y en especial de Estados Unidos; y además de la fórmula, el camino mágico de llevarla a cabo, diferente a la concebida por el Che, que barra oligarquías, déspotas, politicastros, es decir: criados, y a monopolios yanquis, es decir: amos, y lo haga con toda la urgencia que las circunstancias requieren, que levante entonces la mano para impugnar al Che.
Como realmente ninguno tiene respuesta honrada ni acción consecuente que implique una esperanza real a los casi 300 millones de seres humanos que componen la población de América Latina, desoladoramente pobres en su abrumadora mayoría, que serán 600 millones a la vuelta de 25 años, y que tienen derecho a la vida material, la cultura y la civilización, entonces lo más decoroso sería el silencio ante el gesto del Che y los que con él cayeron defendiendo sus ideas con coraje, porque la hazaña que este puñado de hombres realizó, guiados por el noble ideal de redimir un continente, quedará como la prueba más alta de lo que pueden la voluntad, el heroísmo y la grandeza humanas. Ejemplo que iluminará las conciencias y presidirá la lucha de los pueblos de América Latina, porque el grito heroico del Che llegará hasta el oído receptivo de los pobres y explotados por los que él dio su vida, y muchos brazos se tenderán para empuñar las armas y conquistar su definitiva liberación.
El 7 de octubre escribió el Che sus últimas líneas. Al día siguiente, a las 13 horas, en una estrecha quebrada donde se proponía esperar la noche para romper el cerco, una numerosa tropa enemiga hizo contacto con ellos. El reducido grupo de hombres que componían en esa fecha el destacamento, combatió heroicamente hasta el anochecer desde posiciones individuales ubicadas en el lecho de la quebrada y en los bordes superiores de la misma contra la masa de soldados que los rodeaban y atacaban. No hay ningún sobreviviente de los que combatieron en las posiciones más próximas al Che. Como junto a él estaban el médico, cuyo grave estado de salud se ha señalado antes y un guerrillero peruano también en muy malas condiciones físicas, todo parece indicar que el Che hizo el máximo para proteger la retirada a lugar más seguro, de esos compañeros, hasta caer herido. El médico no fue muerto en ese mismo combate, sino varios días más tarde, en un punto no distante de la quebrada del Yuro. Lo abrupto del terreno rocoso e irregular hacía muy difícil y a veces imposible el contacto visual de los guerrilleros entre sí. Los que defendían la posición por la otra entrada de la quebrada a varios cientos de metros del Che, entre ellos Inti Peredo, resistieron el ataque hasta el oscurecer en que lograron despegarse del enemigo y dirigirse hacia el punto previamente acordado de concentración.
Se ha podido precisar que el Che estuvo combatiendo herido hasta que el cañón de su fusil M-2 fue destruido por un disparo, inutilizándolo totalmente. La pistola que portaba estaba sin “magazine”. Estas increíbles circunstancias explican que lo hubiesen podido capturar vivo. Las heridas de las piernas le impedían caminar sin ayuda, pero no eran mortales.
Trasladado al pueblo de Higueras permaneció con vida alrededor de 24 horas. Se negó a discutir una sola palabra con sus captores, y un oficial embriagado que intentó vejarlo recibió una bofetada en pleno rostro.
Reunidos en La Paz, Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares, tomaron fríamente la decisión de asesinarlo. Son conocidos los detalles de la forma en que procedieron a cumplir el alevoso acuerdo en la escuela del pueblo de Higueras. El mayor Miguel Ayoroa y el coronel Andrés Selnich, rangers entrenados por los yanquis, instruyeron al sub-oficial Mario Terán para que procediera al asesinato. Cuando éste, completamente embriagado, penetró en el recinto, Che -que había escuchado los disparos con que acababan de ultimar a un guerrillero boliviano y otro peruano- viendo que el verdugo vacilaba le dijo con entereza: “¡Dispare! ¡No tenga miedo!” Éste se retiró, y de nuevo fue necesario que los superiores Ayoroa y Selnich le repitieran la orden, que procedió a cumplir, disparándole de la cintura hacia abajo una ráfaga del metralleta. Ya había sido dada la versión de que el Che había muerto varias horas después del combate y por eso los ejecutores tenían instrucciones de no disparar sobre el pecho ni la cabeza, para no producir heridas fulminantes. Esto prolongó cruelmente la agonía del Che, hasta que un sargento -también ebrio- con un disparo de pistola en el costado izquierdo lo remató. Tal proceder contrasta brutalmente con el respeto del Che, sin un sola excepción, hacia la vida de los numerosos oficiales y soldados del ejército boliviano que hizo prisioneros.
Las horas finales de su existencia en poder de sus despreciables enemigos tienen que haber sido muy amargas para él; pero ningún hombre mejor preparado que el Che para enfrentarse a semejante prueba.
La forma en que llegó a nuestras manos este Diario no puede ser ahora divulgada; baste decir que fue sin mediar remuneración económica alguna. Contiene todas las notas que escribió desde el 7 de noviembre de 1966, día en que el Che llegó a Ñancahuazú, hasta el 7 de octubre de 1967, vísperas del combate de la quebrada del Yuro. Faltan sólo unas pocas páginas que no han llegado todavía a nuestro poder, pero que por corresponder a fechas en que no tuvieron lugar hechos de importancia, no altera en absoluto el contenido del mismo.
Aunque el documento por sí mismo no ofrecía la menor duda acerca de su autenticidad, todas las copias fotostáticas fueron sometidas a un riguroso examen a fin de comprobar no sólo dicha autenticidad sino incluso cualquier posible alteración, por pequeña que fuese. Los datos fueron además cotejados con el Diario de unos de los guerrilleros sobrevivientes, coincidiendo ambos documentos en todos los aspectos. El testimonio pormenorizado de los demás guerrilleros sobrevivientes que fueron testigos de cada uno de los acontecimientos, contribuyó asimismo a la comprobación. Se llegó a la más absoluta certeza de que todas las fotografías eran copia fiel del Diario del Che.
Constituyó una fatigosa tarea desentrañar la letra pequeña y difícil de la escritura, lo que se realizó con la participación laboriosa de su compañera Aleida March de Guevara.
El Diario será publicado en forma aproximadamente simultánea en: Francia, por Editorial Francois Maspero; Italia, Editorial Feltrinelli; RFA, Trikont Verlag; EUA, Revista Ramparts; Francia, en español, Ediciones Ruedo Ibérico; Chile, Revista Punto Final; México, Editorial Siglo XXI; y en otros países.
¡Hasta la victoria siempre!
Fidel Castro