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jueves, 7 de febrero de 2013

CAMILO: AUDACIA, AUDACIA Y MÁS AUDACIA

6 febrero 2013

Por Luis Hernández Serrano

Camilo Cienfuegos. Foto: Perfecto Romero.
Camilo Cienfuegos. Foto: Perfecto Romero.
 
Lo que más uno ve en las fotos de Camilo Cienfuegos que han recorrido el mundo se resume en su sombrero alón, su barba legendaria y su sonrisa sincera y limpia. Pero el Héroe de Yaguajay y de la Invasión, obviamente, es mucho más que eso y se comprende mejor en las mil anécdotas que lo recuerdan.
En este 6 de febrero de su natalicio 81, no vamos a evocar al niño que atacaba imaginarios gigantes con su escopeta de palo en su Lawton natal. Preferimos reproducir algunas de sus más interesantes vivencias, porque, como escribiera el Indio Naborí —Jesús Orta Ruiz— en el soneto que le dedicara: «(…) los pueblos, ay Camilo, te dan rosas,/ poemas y canciones más por cosas/ de cumplesueños que de cumpleaños,/ pues la edad de los héroes y los genios/ no se miden por días ni por años,/ sino por largos siglos y milenios».
Cuando Camilo trabajaba en una tienda habanera, le aseguró a su hermano Humberto que allí era solo un simple mozo de limpieza, pero que iba a llegar a ser su primer dependiente. Mandó a hacer unas tarjetas que decían: Sastrería El Arte, Reina No. 61, entre Ángeles y Águila. La Habana, Camilo Cienfuegos Gorriarán. Dependiente.
Sus amigos preguntaban por «el dependiente Camilo», pero les decían que él era el mozo de limpieza y que no estaba. «¡Ah, si no se encuentra, entonces me voy; no me interesa comprar nada aquí». Y los dueños, al darse cuenta de su popularidad y de que estaban así perdiendo clientes, lo pasaron a ocupar esa plaza y llegó a ser el primer dependiente.
Por cierto, la última vez que Camilo trabajó allí —contó también hace años su hermano Humberto— habló con el mozo de limpieza, y le pidió que ese día lo dejara hacer la labor suya. Se vistió con la ropa apropiada y comenzó a hacerlo. Lo vio uno de los dueños y le preguntó por qué lo hacía. «Aquí entré como mozo de limpieza y, como ya me voy, quiero salir como empecé».

Che Guevara y Camilo Cienfuegos
El Che Guevara y Camilo Cienfuegos
EL BROMISTA QUE ERA
 
Efigenio Ameijeiras evocó que un ex oficial de la Policía que se unió a la guerrilla, tenía cansado a Camilo preguntándole qué grado militar le correspondía como guerrillero. Camilo cogió en la cocina una cabeza de ajo, en el arroyo recogió dos piedras (chinas pelonas) y, harto ya de su insistencia, le contestó: «¡Chico, toma, estás nombrado “cabo machacador de ajo”; y si te portas bien, como esperamos, podrás llegar a “sargento machacador de tostones”».
Camilo y Che llegaron a ser grandes amigos, pero tuvo que pasar un tiempo. Camilo, por ejemplo, le comentó a William Gálvez en El Hombrito, campamento de Guevara, lo que consideró la primera jarana que le oía: «Me preocupa sacarme una muela con el Che»… «Él es médico y no vas a sentir dolor», le dijo William… «No, no es por el dolor, es que este “matasano” me puede sacar una muela buena y dejarme la mala», le aclaró Camilo.
Según contara el combatiente Manuel Bravo Yánez, en Juan Francisco, Yaguajay, Camilo dijo a un grupo de sus hombres de origen campesino que Fidel desde la Sierra Maestra le mandaba un «submarino» y no sabía para qué podía servir eso allí en las lomas de Yaguajay.
Uno de ellos abrió los ojos… «Sí, hay que traerlo, si Fidel lo manda, para algo tiene que servir», dijo Camilo y, dirigiéndose al asombrado, le encomendó: «Usted tiene que subirlo hasta aquí y ya veremos en qué lo utilizamos. Pero, usted lo trae, ¿no es así?» y aquel hombre afirmaba con la cabeza, disciplinadamente, sin saber qué rayos era un «submarino».
El 27 de septiembre de 1958, a las tres de la tarde, la tropa de Camilo detiene a tres hombres vestidos de civil que en realidad eran integrantes del ejército batistiano. El jefe rebelde pidió al médico Sergio del Valle el aparato para medir la presión arterial, se lo puso a uno de ellos, y le dijo que era un detector de mentiras… «¿Son ustedes guardias?»… «No». «Ustedes mienten, lo dice este detector de mentiras», le dijo Camilo y enseguida el guardia confesó: «Sí, somos del ejército, yo soy el cabo Trujillo». A partir de ese momento ese cabo se unió a la guerrilla, fue uno de los mejores prácticos y se sumó a la Columna de Camilo. Se jubiló en 1973.
El 30 de diciembre de 1958, en la tercera visita que Guevara hiciera a Yaguajay, el diálogo entre el Che y Camilo mostró mutua jocosidad y su amistad profunda. «Te voy a prestar mi boina, vas para el cuartel y cuando el chino (capitán Alfredo Abón Lee) te vea, comprobarás que se rinde enseguida»… «Eso mismo voy a hacer yo. Te presto mi sombrero, te presentas en el Regimiento Leoncio Vidal, y cuando ellos te vean, seguro se rinden de inmediato». Los dos se rieron de lo lindo.
Ambos conversaron entonces allí en Yaguajay para acordar los pasos a seguir. La presencia del legendario guerrillero argentino asombró al pueblo, que se aglomeraba para verlo de cerca y tratar de saludarlo. Camilo interrumpió al Che y bromeó con él: «¡Ah, ya sé a lo que me voy a dedicar cuando triunfemos: te voy a meter en una jaulita y recorreré el país cobrando cinco pesos la entrada para verte… ¡y me haré rico!». Ambos volvieron a reírse.


Fidel Castro y Camilo Cienfuegos
Fidel Castro y Camilo Cienfuegos

LA CONSTITUCIÓN QUE HABÍA QUE DEFENDER
 
Pero su jovialidad no le restaba seriedad alguna. Cuando Camilo se entrevistaba con el capitán Abón Lee en Yaguajay, uno de los oficiales batistianos, el teniente Mantilla, dijo que ellos «defendían la Constitución y las Leyes». Inmediatamente, sin pensarlo apenas, Camilo le contestó: «Esa Constitución debieron defenderla ustedes el 10 de marzo de 1952, cuando la violaron».
El coronel retirado Orestes Guerra González refirió a un periodista que Delfín Moreno le llevó a Camilo el mensaje de Fidel de que regresara a las montañas. De nuevo en la Sierra, en la zona de Casa de Piedra, el ejército los atacó duro. Allí fue herido el soldado José Pérez. Por un agujero trasero de su casco le salía la sangre. Camilo le dio el alimento que tenía destinado para sí mismo y para el propio Orestes. Este se puso muy bravo «La lata de leche se la di a ese soldado», le comunicó Camilo… «¿Cómo vas a hacer eso con un tipo como ese?», protestó Orestes Guerra… «Al menos nosotros podemos darle algo a él. Él no puede ya darnos nada a nosotros», repuso Camilo.
En su campamento del Escambray, Camilo le comentó al Che: «Vas a tener que tomarte un descanso. No te preocupes, te voy a regalar algunas armas (…)»… «Déjate de estar haciendo alarde delante de tu maestro. Y si por casualidad no tienes que seguir para Occidente, ¡vamos a ver quién llega primero a Santa Clara!».
Camilo quiso tener entre sus hombres a Manuel Espinosa Díaz, de la tropa de Guevara. Entonces, cuando ese compañero estaba cerca del argentino, apareció él, le dio un papel y le dijo en voz alta para que lo oyera el jefe guerrillero: «Espinosa, ve rápido adonde está Orestes Guerra y entrégale este mensaje mío. No regreses pronto, espérame allá, que yo voy enseguida». Y en voz baja le aclaró: «Oye, que el Che no vea el papel, está en blanco, quédate allá y no vires para atrás, que yo después hablo con él, no vas a tener ningún problema». Espinosa fue y después vino en la Invasión con Camilo.
 
EL ÁRBOL QUE FLORECE EN OCTUBRE
 
De ese gran combatiente que fue Camilo asombra conocer que su primer cheque como Jefe de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra de la provincia de La Habana —nombrado por Fidel el 3 de enero cuando fue a Bayamo en avión desde la capital a ver al Comandante en Jefe— fue de 113 pesos y 61 centavos, cobrado por su secretaria Olga Llera, «Cuquita», el 30 de abril de 1959.
Su novia, Paquita, de San Francisco de Paula, al verlo llegar de la Sierra, el 2 de enero, le dijo: «¡Qué bueno, Camilo, que ya esto se terminó!», a lo que el héroe le dijo: «No, la Revolución empieza ahora». Y la última vez que conversó con ella fue la noche correspondiente al 26 de octubre, día en que habló al pueblo desde una terraza del antiguo Palacio Presidencial.
Precisamente en la casa de Paquita, según contara ella, Camilo sembró un árbol que, curiosamente, solo florece en octubre, el mes fatal en que desapareció en el mar.
El Che dijo un día: «Aun cuando después hiciera una serie de hazañas que han dejado su nombre en la leyenda, me cabe el orgullo de haberlo descubierto como guerrillero (…). No sé si Camilo conocía la máxima de Dantón sobre los movimientos revolucionarios: “Audacia, audacia y más audacia”. De todas maneras la practicó con su acción, dándole además el condimento de otras condiciones necesarias al guerrillero: análisis preciso y rápido de la situación y meditación anticipada sobre los problemas a resolver en el futuro».
 
Fuentes: Revista Moncada, Edición Especial, No. 6, octubre de 1989; ¿Voy bien, Camilo?, Editorial Capitán San Luis, 2009; Camilo, Señor de la Vanguardia, William Gálvez, Editorial Ciencias Sociales, 1979; Che, Obras 1957-1967; y El brillo de los ojos de Camilo, Luis Hernández Serrano, en JR, 27 de octubre de 2002.
(Tomado de Juventud Rebelde)
 
Camilo Cienfuegos
Camilo Cienfuegos
 

 

martes, 30 de octubre de 2012

FLORES PARA CAMILO CIENFUEGOS EN EL TITICACA

29 Octubre 2012  
Camilo y el Che
El Che Guevara y Camilo Cienfuegos
 Por primera vez en la historia un bello ramo de flores blancas y rosas rojas fueron arrojadas a las aguas del afamado lago Titicaca por cubanos, bolivianos y otros amigos, en homenaje al Comandante Camilo Cienfuegos, desaparecido en el mar tras un accidente de aviación en 1959.
El Señor de la Vanguardia, como lo bautizaron sus compatriotas de la nación caribeña, fue recordado en el lago navegable más alto del mundo, en el área que corresponde al territorio de Bolivia, país sudamericano donde años más tarde, en 1967, fue asesinado Ernesto Che Guevara, uno de sus más apreciados compañeros de guerrilla, cuando al mando de Fidel Castro emprendieron la contienda por la liberación que condujo a la Revolución cubana.
Integrantes de la Armada boliviana (Marina de Guerra), entre ellos altos oficiales, médicos cooperantes y personal diplomático cubanos, además de amigos periodistas, navegaron durante casi cuatro horas por las profundas y bellas aguas transparentes del Titicaca para rendirle tributo al también llamado Héroe de Yaguajay.
Nunca antes Camilo había sido recordado en tan particular y hermoso lago, ubicado en la meseta del Collao, en los Andes Centrales, y a una altitud de 3 mil 812 metros sobre el nivel del mar, diríamos que más cerca del cielo que de la tierra.
Los cubanos en cualquier parte del mundo tienen por tradición los 28 de octubre, día que desapareció el Señor de la Vanguardia, lanzar flores al mar, a los ríos, y esta vez también al Titicaca, que ocupa el lugar 19 en el mundo por su superficie, de 8 mil 562 kilómetros cuadrados.
A los 80 años de su natalicio la historia quiso que Camilo se encontrara nuevamente, esta vez en Bolivia, con el Che, amigos inseparables y eternamente vigentes en estos tiempos en los que Latinoamérica ha dicho ¡Basta¡ y ha echado a andar.
Ernesto Guevara dijo de su compañero que era el más brillante de todos los guerrilleros que en las abruptas montañas de la Sierra Maestra, en Cuba, lucharon por la independencia definitiva de la mayor de la Antillas contra la dictadura apoyada y financiada por Estados Unidos de Fulgencio Batista.
Expresó además que lo que más le atraía a él y al pueblo cubano del Héroe de Yaguajay era su carácter, su alegría, su franqueza, y su disposición a ofrecer su vida en todo momento, entre otras cualidades personales.
Ernesto Guevara caracterizó a Camilo como un hombre sencillo, sin en el más mínimo alarde de valor y sabiduría, y el compañero de todos, razones por las cuales lo dignificó como el más brillante de los guerrilleros.

jueves, 28 de octubre de 2010

HACE 51 AÑOS DESAPARECIO CAMILO CIENFUEGOS

28 Octubre 2010
El 28 de octubre de 1959, a las 6:01 pm, salió del aeropuerto de Camagüey, el avión bimotor, marca Cessna 310 con el número 53, de cinco plazas. Conducía al Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, Comandante Camilo Cienfuegos; al piloto Primer Teniente Luciano Fariñas Rodríguez, y al soldado rebelde Félix Rodríguez. El avión nunca llegó a su destino, Ciudad de La Habana. En otro aniversario de la desaparición de Camilo y sus compañeros, Cubadebate lo recuerda con una de sus anécdotas más célebres, publicada originalmente por la revista Bohemia.
Camilo Cienfuegos y Fidel Castro
24 de junio de 1959.- Tanto en La Habana como en el resto del país, se han desarrollado funciones especiales en los espectáculos deportivos con el fin de recaudar fondos para la Reforma Agraria. El béisbol, deporte nacional, no puede faltar. En el hoy Latinoamericano, conocido entonces como el Estadio del Cerro, se pacta un juego de exhibición entre el equipo de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y los Barbudos, una selección integrada por miembros del Ejército Rebelde.
Se anuncian como lanzadores a Fidel Castro y a Camilo Cienfuegos. Pero cuando el Señor de la Vanguardia entra en el terreno, lo hace con el uniforme de Barbudos y una mascota de receptor. Los periodistas se le acercan. “Yo no estoy contra Fidel ni en un juego de pelota”, declara el Héroe de Yaguajay. La llegada del Jefe de la Revolución provoca una estruendosa ovación entre la numerosa afición que se ha dado cita en la instalación.
Cuando saluda a Amado Maestri, el gran árbitro cubano, designado para impartir justicia detrás del home, le pide: “Yo ahora estoy un poco desligado del juego de pelota. Quiero que me indique cómo tengo que lanzar para no incurrir en un balk”. El juego comienza y el abridor de los Barbudos retira la primera entrada sin problemas.
En otro inning, hay un roletazo a la derecha del inicialista que lo aleja de la base. Fidel cubre raudo la primera almohadilla y gracias a eso logran el out. Camilo, por su parte, estaba haciendo la asistencia por si se escapaba el tiro. Al bate, no les fue bien a los comandantes.
Camilo, en dos strikes, quiso sorprender al tercera base rival, que estaba jugando muy atrás, pero el toque salió foul y Maestri decretó el ponche por regla. Fidel, en su única vez al bate, fue dominado en roletazo al cuadro. El pitcheo de relevo de los Barbudos no se comportó a la misma altura de su abridor y el juego terminó 3-0 a favor de los policías.