Autor: Dr. Martín Nizama-Valladolid
Introducción
El poder institucional suele ser un botín para algunos servidores de las instituciones del sector público. Estos servidores utilizan, según su conveniencia, el marco legal y la normatividad vigente; al igual que maniobras arteras, el camuflaje y el disimulo para copar los cargos de poder e incluso, con frecuencia, compran estos cargos con prebendas u ofertan puestos de trabajo para obtener apoyo gremial y de este modo legitimarse. Una vez posesionados formalmente del ambicionado cargo de poder, se transforman en insaciables depredadores de los recursos institucionales, convirtiéndolos en sus predios personales. Entonces, de manera libérrima, disponen de los bienes materiales, del recurso humano y de la infraestructura, en función de los intereses personales y de su grupo de servidores obsecuentes. Y, cuando algún servidor institucionalista no se somete a su juego de intereses vedados o por dignidad se atreve a desenmascararlos, comienza contra aquel el acoso laboral implacable, hasta doblegarlo o desaparecerlo del escenario laboral. V.gr. la guerra sucia contra un servidor honesto.
Institucionalidad Débil
En no pocas instituciones públicas se aplica de manera arbitraria el marco jurídico y las normas administrativas establecidas. Mientras que en otros entes estatales, el Reglamento de Organización y Funciones, el Manual de Organización y Funciones, el Manual de Procedimientos administrativos y el Cuadro de Asignación de Personal, son herramientas que se “honguean” guardados en los escritorios de los burócratas. Comúnmente, estas herramientas de gestión no son socializadas ni están debidamente actualizadas y su aplicación es una mera caricatura. Las funciones, jerarquías, sanciones y los objetivos institucionales se aplican según la voluntad e intereses particulares del jefe de turno. En esas instituciones se prioriza el beneficio particular y no el servicio al colectivo social, su razón de ser. P.e: el contubernio con los proveedores.
Apetencia de Poder
El hambre de dominio impulsa a estos personajes a buscar el poder de cualquier manera, en su vano intento de resolver sus sentimientos de frustración, minusvalía, medianía, afán de protagonismo o de ejercer revanchismo protervo. Por ello, actúan con estulticia (necedad) e impulsividad, a veces compulsiva. Su obsesión es el poder para servirse de él en desmedro de la institución. Acceden a los cargos mediante concursos fraguados, por influencia política o mediante la artimaña del cargo de confianza, demostrando desprecio por la meritocracia y la institucionalidad, menoscabándola. Con desparpajo se enquistan en los cargos y pretenden imponer la hegemonía de su disciplina y de sus funciones técnico administrativas, sobre las otras jefaturas de su mismo nivel organizacional, avasallándolas con estrategias de estilo lumpen.
Argolla
Estos jefes actúan confabulados con otros servidores de su mismo jaez. Quienes acceden al poder de este modo, reclutan a sus amigos para ponerlos a su servicio. Los captan por afinidad o porque conocen las necesidades de aquellos, con quienes constituye un clan conspirativo soterrado contra la institución. Es el amiguismo. Una vez entronizados en los cargos se comportan como una mafia. El personal del clan recolecta disimuladamente información útil que reporta de inmediato a su jefe, a quien debe sujeción; el mismo que los defenestra cuando descubre que éstos no le son leales. Como grupo cerrado que son emplean lenguaje lumpen, obran, intrigan y conspiran en la sombra. Usan el secretismo, el doblez, la manipulación y la actitud desafiante para intimidar a sus víctimas. Son avezados en el arte del engaño y de la victimización.
Manipulación
La habilidad manipulatoria de estos jefes es maligna. Manipulan a su argolla y a los servidores manipulables de su institución. Usan a las cúpulas de los gremios, a sus colegios profesionales, las influencias políticas y la presión directa para doblegar las posiciones principistas del personal institucionalista y continuar con sus bellaquerías.
Copamiento de Cargos
Con la argucia del cargo de confianza, estos jefes oportunistas colocan en los puestos claves de su área de competencia a gente de su entorno amical. Así, tienen “todo bajo control” y con ello, la institución a su servicio, desde los niveles de influencia de su cargo jefatural e impiden que personas ajenas a su argolla accedan a los puestos que ellos consideran su coto personal, valiéndose de la artimaña, el artilugioy la vesania.
Maquiavelismo
Para enquistarse en el poder emplean estrategias maquiavélicas. Para ellos, el fin justifica los medios. Se muestran avezados en el arte de la mendacidad, la simulación, la estratagema, la difamación y la calumnia, el rumor, las bolas de nieve, el chantaje, la extorsión, la emboscada y la “mano negra”. Sin escrúpulos aplican la ley del todo vale.
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Mobbing
Mobbing
La argolla enquistada en la cúpula del cargo jefatural se ensaña con el servidor o colega digno que osa desenmascararlos. Lo difaman y hostilizan de manera sistemática, acorralándolo hasta que su víctima, aburrida e impotente es obligada a renunciar o a solicitar su reubicación laboral. Proceden con soberbia, prepotencia, ensañamiento y llegan a extremos perversos contra sus supuestos adversarios. Los tratan sin compasión, hasta doblegarlos psíquicamente, provocándoles miedo, angustia, depresión o estrés.
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Exclusión del Personal Competente
Exclusión del Personal Competente
Generalmente mediocres, estos jefes abominan de la meritocracia. Muestran desdén por la capacitación, la competencia y la ética. Desvaloran y se mofan de los servidores íntegros que demuestran mística institucional y espíritu de superación, subestimándolos.
Secuela
Los personajes disfuncionales posicionados en los cargos de poder que ejercen abuso de autoridad y la maledicencia, amparados por la impunidad, lenidad y pusilanimidad de los jerarcas superiores, causan involución institucional hasta la extinción de la misma.
Alternativa
Corresponde a la institucionalidad saludable de las organizaciones públicas; primero, identificar, luego desenmascarar, encarar firmemente y neutralizar el accionar perverso de estas personas con hambre de poder, cuya ambición destruye progresivamente las instituciones, con impacto pernicioso en el público usuario. Igualmente, las instituciones deben aplicar mano firme a este tipo de personas patológicas, inconscientes de su insania psíquica
Lima, enero 2012
*Médico Psiquiatra. Experto en Adicciones. Doctor en Medicina.
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