viernes, 12 de agosto de 2011

CANTINFLAS: 100 AÑOS DE COMEDIA


Cantinflas Mario Moreno interpretaba a Cantinflas.
Por: Isabella Portilla

Decenas de homenajes, exposiciones y muestras se realizan en México para conmemorar que en un día como hoy, en 1911, nació uno de los mitos del cine latinoamericano.

Un ícono cultural único. Un sátiro social. El insigne comediante mexicano cumple un siglo de haber nacido. El cine, las artes y sus seguidores recuerdan con nostalgia al pobre peladito que se resistía frente a la burguesía.

“Patriotas, patriotas de la patria, ¿sabéis lo que esa palabra significa? Pues yo no, porque no estoy para que ustedes me digan, ni yo para decírselos. Pero una cosa sí está clara: de que todos juntos y al unísono y en conglomerado, lucharemos por alcanzar el bienestar de nuestros hijos,  para nuestro pobre entendimiento y raquítico bienestar”.

Así era él: de sus deudores se escabullía ágil, como gacela de cazador. Sus insultos eran dulces, parecían lisonjas humildes. A las autoridades las criticaba con cantinfladas: un lenguaje malabarista, contradictorio y absurdo; el mismo que se embrollaba en las mentes ajenas sin permitir la digestión de su mensaje.

Mario Moreno Reyes fue el sexto hijo de un matrimonio que parió a doce. Su padre era cartero y su madre se ocupaba del hogar. Santa María la Redonda lo vio nacer, pero fue en Tepito, un barrio de pugilistas y luchadores de Ciudad de México, en donde se hizo grande y peleador. Estaba excusado, no importaban los puñetazos ni las patadas propinadas a sus amigos; todos lo perdonaban con tal de oír las divertidas historias que contaba.

Osado, tozudo, ambicioso. Así fue desde niño, época en la que empezaba a soñar con la fama. En 1928 decidió alistarse en el Ejército mexicano como soldado de infantería fingiéndose mecanógrafo. No pasó mucho tiempo para que Pedro Moreno, su padre, enviara una carta solicitando su baja. Mario no tenía 21 años, sino 16.

Más adelante, quiso emprender camino a Estados Unidos, vía California, pero falló en el intento. Así que se convirtió en boxeador y a punta de knock outs, temporalmente, se ganó la vida.

Pero estaba claro que los golpes no encauzarían su destino. Su buen humor y su carácter cómico lo condujeron a las carpas de los circos, donde fue aplaudido.  Hacia 1930, en un episodio prodigioso conoció al productor ruso Jacques Gelman. Después de un tiempo se asoció con él y juntos formaron su propia compañía de producción cinematográfica. Mientras Gelman dirigía, producía y distribuía, Mario Moreno actuaba.

Diez años después, con la película Ahí está el detalle, el actor demostró que su gracia era la facilidad de la palabra: entonces el individuo llamado Mario Fortino Alfonso Moreno se convirtió hasta la inmortalidad en Cantinflas. El filme fue sinónimo de éxito continental y con él se dio inicio a la gestación del ícono del cine latinoamericano.

Después se destacaría en otros largometrajes: El gendarme desconocido, El patrullero 777 y Ni sangre ni arena. Empezaba a verse entonces el carácter moralista de sus actuaciones encriptado en chorros de palabrería. En 1946 abandonó la industria cinematográfica mexicana. Lo contrató Columbia Pictures. Ya estaba consagrado, pero se vio envuelto en un lío de representación actoral y tuvo que regresar al teatro. Con la obra Yo Colón, en donde personificaba al conquistador, se hizo acreedor al temor de los políticos, pues cada noche cambiaba de chistes y afilado, como cuchillo de carnicero, repartía sátiras por doquier.

Con La vuelta al mundo en 80 días, su debut en Estados Unidos, Cantinflas ganó un Globo de Oro. La película obtuvo cinco premios Oscar y recaudó US$42 millones en taquilla. El presidente Lyndon B. Johnson hospedó al cómico en la Casa Blanca. Los gringos asociaron al peladito mexicano con Chaplin y al mismo Chaplin se le oyó decir que Cantinflas era el mejor actor del mundo.

El adiós del histrión
El Congreso de Estados Unidos mantuvo un minuto de silencio tras su muerte el 20 de abril de 1993. Presidentes, artistas, reyes, multimillonarios y reconocidos personajes de México y el mundo lamentaron su partida. Miles de seguidores lo recordaron con llanto y risas, mientras se agolpaban tras su féretro en una ceremonia de despedida que duró tres días.

Hasta hace once años, Columbia Pictures confirmó un estimado de US$4.000 millones generados por las ganancias de sus películas. En algún momento de su vida, se llegó a pensar que su fortuna era incalculable. Cantinflas y su esposa rusa, Valentina Ivanova, vivían en ciudad de México, en un terreno de 10.000 metros junto al bosque de Chapultepec con mansión incluida. Yates, autos, casas y un avión privado formaban parte de sus propiedades.

Sin embargo, el comediante no era feliz. Fueron muchos los tratamientos a los que acudió para poderle dar un hijo a su esposa sin alcanzar ningún éxito. Resignado, decidió adoptar un niño de una manera particular (según su amigo y director de cine, Miguel Delgado): cambió una considerable suma de dinero por una criatura recién nacida.

Tiempo después, un escándalo estalló cuando Marion Roberts, la verdadera madre del niño, quiso de nuevo a su hijo. La joven estadounidense terminó muerta en la habitación de un hotel. Se había suicidado.  Después del deceso de Cantinflas, un lío judicial acompañó su historia. Su hijo adoptivo, Mario Moreno Ivanova, y su sobrino, Eduardo Moreno, batallaron por los derechos de 34 películas del genial humorista. Y todo para que después de ocho largos años de pleitos, Columbia Pictures se apropiara de los filmes en un trámite jurídico que aún está por resolverse.

Al cumplirse cien años del nacimiento del hombre que ha hecho reír a millones de personas, México y Latinoamérica rinden homenaje a su vida y obra. En el Palacio de Bellas Artes del D.F. presentaron un libro titulado Mario Moreno Cantinflas: el actor, el torero, el empresario, el hombre, en donde se exalta su vida ejemplarizante y su faceta histriónica.

Exposiciones, tributos, proyecciones, reediciones de sus películas e imitaciones engalanan los principales teatros y centros culturales del continente.  Cantinflas, el que parodió policías, curas, vaqueros y toreros, aquel que en 51 películas dejó consignada la vida de un pícaro latinoamericano pareciera seguir vivo. Él lo veía venir, por eso, en uno de esos “momentos de la vida realmente momentáneos” decidió trazar en el epitafio que hoy pende de su tumba: “Parece que se ha ido, pero no es cierto”.

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