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miércoles, 23 de enero de 2013

GUANTÁNAMO SIGUE FUNCIONANDO, PESE A PROMESA DE CERRARLA DE BARACK OBAMA

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22 enero 2013
 
Este martes se cumplen cuatro años desde que el presidente de EE.UU., Barack Obama, ordenó el cierre de la prisión de Guantánamo en un plazo menor a un año. La cárcel sigue funcionando.
Obama inicia oficialmente su segundo mandato bajo la sombra de las promesas incumplidas durante su primer período. El cierre de la prisión de Guantánamo es una de ellas. Algo que según los expertos seguirá sin cumplirse.
Es el único lugar en la isla socialista donde hay un McDonald’s. Y es que el rumor sobre el restaurante parece ser una excepción en la avalancha de información sobre la cárcel de Guantánamo que conmueven al mundo.
“Los encapuchan, ya se sabe lo que ha pasado en los años anteriores, los desnudan. Para un ser humano es humillante. La comida sí es pésima, es lo que he oído, es algo como un campo de concentración. Es una zona vedada para nosotros totalmente y todo lo que se habla es muy desagradable”.
Son los rumores que circulan entre los isleños.
Promesas sin cumplir
Con el tiempo quedó claro que lo que hablaba la gente era verdad. La tristemente célebre cárcel de Guantánamo debería haber sido cerrada hace varios años. Por lo menos, eso es lo que esperaban los estadounidenses de Barack Obama cuando votaron por él en 2008. Fueron muchos los que creyeron en su promesa preelectoral.
Sin embargo, esas puertas no son nada fáciles de cerrar. Obama no solo no pudo hacerlo durante su primer mandato, sino que además el pasado 2 de enero firmó la ley de la Autorización de Defensa Nacional que, según algunos analistas políticos, hace la clausura de esta institución penitenciaria prácticamente imposible.
“Hay una cláusula que dice que no se podrá tomar financiamiento de ese presupuesto para trasladar presos de Guantánamo a otro país ni para los mismos Estados Unidos. Por lo tanto ya tenemos que tomar en consideración que durante el 2013 la cárcel va a estar ahí, los presos van a estar ahí y no va a haber posibilidad de que la cierren”, relató el analista político Néstor García Iturbe.
La cárcel de Guantánamo se encuentra en el territorio de la base militar que fue instalada por EE.UU. en Cuba hace más de un siglo. Mientras que Washington justifica su presencia en la isla caribeña con un acuerdo firmado entre los dos países en aquel entonces, La Habana insiste en que ese documento fue pactado bajo presión y denuncia la ilegalidad del centro.
“La base naval de Guantánamo que se encuentra en Cuba en estos momentos no tiene ninguna importancia desde el punto de vista militar. Desde hace muchos años EE.UU. está consciente de que la base como tal no tiene un uso ampliado, como lo tuvo en el siglo pasado. Por esa razón la base se ha mantenido más que todo por problemas políticos. Para ningún presidente de EE.UU. entregar el espacio que ocupa la base en estos momentos al Gobierno de la república de Cuba puede ser una opción viable. Esto sería evidentemente un suicidio político. Las fuerzas de derecha de EE.UU. reclamarían esta acción como una concesión al Gobierno cubano”, explicó el analista militar David Urra.
“Despilfarro vergonzoso”
Actualmente en la cárcel en Guantánamo están recluidas 166 personas. A muchas de ellas ni siquiera se les han presentado cargos. Varias organizaciones de defensa de los derechos humanos, incluso Amnistía Internacional, acusan al Gobierno estadounidense de torturar tanto física como psicológicamente a los reos. Además del aspecto moral, esta prisión resulta ser un enorme gasto para los contribuyentes de EE.UU. Cada interno le cuesta al presupuesto estatal unos 800.000 dólares al año contra los 35.000 con los que se mantiene un preso en los establecimientos penitenciarios en territorio estadounidense.
Mientras que para algunos ciudadanos la financiación de la cárcel de Guantánamo es solo un despilfarro y un hecho vergonzoso, para los cubanos el funcionamiento de este penal viola la soberanía de su país. Y aunque numerosos activistas de todo el mundo llevan más de 10 años exigiendo la clausura de este centro de reclusión, hoy en día poca gente cree que la promesa de cerrarlo se cumpla algún día.
Sistema ilegal y genocida de EE.UU.
“EE.UU. se opone a cerrar Guantánamo porque así quiere mandar al mundo el mensaje de que es capaz de hacer todo lo que quiere: incluso violar las leyes internacionales”. Al menos así opina el analista político y escritor Adrian Salbuchi.
“Lo que estamos viendo es la voluntad de EE.UU. de mantener un sistema absolutamente ilegal y genocida, vulnerando los derechos humanos más allá de la opinión que pueda tener un circunstancial ocupante de la Casa Blanca como es Barack Obama”, afirmó el experto.

domingo, 6 de mayo de 2012

CAOS EN EL JUICIO CONTRA LOS SUPUESTOS ORGANIZADORES DEL 11/9

5 Mayo 2012 Haga un comentario
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“Ustedes van a matarnos”, así rompió su silencio uno de los cinco acusados de organizar los atentados del 11 de septiembre de 2001 en diferentes ciudades norteamericanas. Los reos se enfrentaron hoy por primera vez a un tribunal en la estadounidense Base Naval de Guantánamo, tras varios años en cárceles secretas donde recibieron maltratos y torturas.
“Acaso ya no nos vean más”, dijo el yemenita Ramzi ben al Chaiba al juez militar James Pohl. “Van a matarnos y después dirán que nos suicidamos”, agregó, protestando por “la manera” con que él y los otros cuatro acusados son tratados.
Un poco más temprano, David Nevin, el abogado del presunto cerebro de los atantados, Jaled Cheij Mohamed, un kuwaití de 47 años, había anunciado que su cliente probablemente se mantendría en silencio “porque tiene profundas preocupaciones por la imparcialidad del proceso”.
Además de Al Chaiba y Mohammed comparecen ante el tribunal militar en la base estadounidense de Guantánamo, en territorio cubano, el paquistaní Alí Abd al Aziz Alí, alias Mohamed al Baluchi, y los saudíes Walid ben Atach y Mustafá al Husaui.
Los cinco son acusados de “ser responsables de la preparación y ejecución de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, Washington y Shanksville (Pensilvania, noreste), que mataron a 2.976 personas”, según informó previamente el Departamento de Defensa estadounidense y podrían recibir la pena capital.
Se trata de la primera vez que aparecen en público, luego de más de tres años. Los acusados estaban sentados, guardando distancia entre unos y otros, cuatro de ellos sin esposas en las manos, vestidos con uniformes blancos y algunos portaban un pequeño sombrero musulmán, constató un periodista de la AFP.
El abogado de Ben Atach pidió que su cliente, el único con esposas en sus manos, fuera liberado de ellas, argumentando el “dolor” que le provocaban. El juez accedió tras asegurarse de que el acusado se comprometía a “portarse de manera apropiada” y precisó que estaba esposado debido a su “comportamiento en el exterior”, antes de la audiencia.
Otro de los acusados, Ben al Chaiba, súbitamente se puso de pie y se arrodilló varias veces para rezar, interrumpiendo los debates.
Algunas autoridades consideran que los tribunales de Guantánamo son “injustos”, “ilegítimos” y que representan una “justicia de segundo plano”, algo nefasto para la imagen de Estados Unidos.
“La Historia mantendrá vivo el recuerdo de un grave error”, dijo a la AFP el coronel Morris Davis, exprocurador jefe en la base naval estadounidense en Cuba, cuyo controvertido sistema fue creado por el expresidente George W. Bush tras los ataques de 2001 en Nueva York y Washington.
Estos tribunales “han sido reformados una y otra vez y no hay manera de rehabilitarlos”, agregó el coronel Davis. “Socavamos nuestra autoridad moral y pusimos en riesgo nuestros principios por al menos diez años”, sostuvo.
(Con información de AFP)

domingo, 8 de mayo de 2011

EL INFIERNO DE GUANTÁNAMO

7 Mayo 2011
Base naval de Guantánamo
Por Roberto Montoya
Documentos de Wikileaks comprueban el papel cumplido por el Comando Sur norteamericano en las atrocidades registradas en la base del Pentágono
Nueve años después de que el Pentágono trasladara de Afganistán a la prisión de Guantánamo al primer grupo de prisioneros de la “cruzada contra el terror” de Bush que vivirían durante años en esa suerte de campo de concentración del siglo XXI, nuevas filtraciones de Wikileaks revelan detalles aún desconocidos de aquel infierno.
Wikileaks ha filtrado ahora casi 5.000 páginas con las fichas militares secretas de 758 de los 779 presos que en total han pasado por la prisión de la base estadounidense.
A pesar de que en estos años organismos humanitarios lograron desclasificar documentos internos del Pentágono y el FBI sobre las torturas y condiciones infrahumanas en las que se tenía a los detenidos, y se contaba también con el testimonio de muchos ex prisioneros, estas fichas son las pruebas más contundentes de la barbarie cometida por EEUU en esa prisión, ante la pasividad de sus aliados.
El cierre de esa prisión fue una de las primeras promesas hechas por el presidente Barack Obama al llegar al poder en Enero de 2009. Sin embargo, todavía permanecen allí 171 de los 242 prisioneros que “heredó” de Bush. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, protestó días atrás por las nuevas filtraciones de Wikileaks y criticó a los medios que se hicieron eco de ellas.
Las 758 fichas secretas, que pueden ser consultadas en “Guantanamo Files 2011”, en www.wikileaks.info, fueron elaboradas entre 2002 y 2008 y están firmadas por las máximas autoridades de la base, por los mandos de la Fuerza de Tarea Conjunta (JTF-GTMO, en sus siglas en inglés) y dirigidas a sus superiores, al Comando Sur del Pentágono, situado en Miami, Florida, desde el que se controla toda América Latina y el Caribe.
Aunque las fichas, escritas con forma de memorandos, con descripciones detalladas sobre cada preso, divididos entre los de “bajo”, “medio” o “alto riesgo”, están escritas con un lenguaje supuestamente ascéptico, “objetivo”, pero son suficientemente reveladoras de por sí de las graves violaciones a los derechos humanos cometidas contra ellos. En ellas se reconoce, por ejemplo, que en Guantánamo se mantuvo detenidos a al menos 30 enfermos mentales, con problemas de esquizofrenia, psicosis, paranoias graves, a un anciano de 89 años con demencia senil; que el saudí Alharabiri continuó en prisión a pesar de haber sufrido graves daños cerebrales después de intentar ahorcarse; que varios se suicidaron al no poder soportar más el cautiverio.
En algunos casos, como el del uzbeko Zakir Yan Hasan, los psiquiatras militares norteamericanos justifican la necesidad de mantenerlo detenido a pesar de la inexistencia de cargos contra él, porque “sus alteraciones psicológicas le hacen vulnerable al reclutamiento y manipulación de las organizaciones extremistas, que explotarían su vulnerabilidad para usarlo en actividades terroristas”.
A muchos de los prisioneros con enfermedades mentales o fuertes depresiones se los consideraba útiles como confidentes, para que se acercaran a otros presos considerados peligrosos y trataran de sacarles información. Las acusaciones contra numerosos prisioneros utilizaron precisamente como “pruebas” los testimonios de esos otros compañeros.
Las fichas muestran que los presos eran sancionados y posiblemente lo sean todavía, por “delitos” tales como rechazar la comida, por pretender ayunar, o por quererle pasar alimento a un compañero, o por intentar tapar la cámara de la celda que los vigila constantemente; por colgar una camiseta fuera del lugar previsto o por llevar el elástico del pantalón fuera de la cintura. La acumulación de sanciones de ese tipo en un individuo implicaba el cambio en su nivel de “riesgo”, pudiendo pasar al cabo de los años de cautiverio de un nivel de “riesgo bajo” a uno de “alta peligrosidad” simplemente por ello.
Sólo cuando los mandos de la base consideran que un prisionero ha dejado de ser útil, se propone su entrega a su país de origen, siendo muchas veces sometido allí a malos tratos y prisión, por lo que su pesadilla no termina.
Según la documentación revelada, ante el crecimiento de la población reclusa en Guantánamo, sus mandos decidieron transferir a un total de 163 de prisioneros que aún seguían siendo “sospechosos”, a sus países de origen, en la mayoría de los casos países árabes antidemocráticos, para que siguieran detenidos y que pudieran ser interrogados por agentes estadounidenses en cualquier momento. Varios países árabes se prestaron solícitos a satisfacer los deseos de EEUU.
El Gobierno de Muamar el Khadafi, por ejemplo, suministró información clave para mantener en prisión durante cinco años al libio Abu Sufian bin Qumu, a quien en realidad sólo se le pudo probar que había colaborado unos meses con la ONG Wafa, a la que se le atribuía algún tipo de relación con Al Qaeda. EEUU terminó entregando al preso a Libia en 2007, donde permaneció otro año prisionero. Según Khadafi, Bin Qumu se ha unido a las fuerzas rebeldes que combaten ahora en su contra. Para Khadafi, es una muestra de que los rebeldes están dirigidos por Al Qaeda, pero, paradójicamente, esas fuerzas rebeldes que luchan contra el régimen libio están apoyadas, y posiblemente armadas, por EEUU.
Según asegura siempre el Pentágono para justificar la retención de los presos, entre un 5% y un 13% de los que ha ido liberando de Guantánamo han empuñado las armas en algún país posteriormente. Lo que omite decir es que al menos contra la mitad de ellos no existía ninguna prueba de que las hubieran empuñado antes de su detención. Fueron las torturas, las vejaciones y detención arbitraria durante años, las razones que les hicieran asumir posiciones cada vez más extremistas, al punto de unirse a grupos de la órbita terrorista de Al Qaeda.
A pesar de la gravedad de las revelaciones, no parece que estas puedan llegar a ser objeto de debate ni en el Congreso de EEUU ni en ningún organismo mundial influyente. Precisaqmente estos días fue trasladado a una cárcel de Kansas el soldado Bradley Manning, acusado de filtrar a Wikileaks miles de documentos secretos del Pentágono en Irak, con pruebas de los abusos cometidos allí. Manning, detenido en mayo de 2010 en Irak, permaneció aislado y en condiciones durísimas en una base de Virginia, lo que provocó denuncias de numerosas organizaciones humanitarias. La Administración Obama ha querido sentar un precedente con él para evitar nuevas filtraciones.
En un sentido exactamente contrario, “The New York Times” proponía estos días en un editorial que Obama rindiera homenaje a todos aquellos militares que durante la era Bush se opusieron a la tortura y los abusos y los denunciaron.
Los partidarios de mantener la línea dura con los prisioneros de Guantánamo encontrarán sin duda ahora un argumento a su favor, tras el atentado terrorista de este jueves pasado en Marraquech, que produjo 16 muertos, la mayoría de ellos turistas.
En 2003, pocods días después de producirse una cadena de atentados suicidas en otra ciudad de Marruecos, en Casablanca, con un saldo de 45 personas muertas, la monarquía aprobó una ley antiterrorista que sirvió de paraguas para miles de detenciones, mayor cercenamiento de las libertades y la aplicación sistemática de la tortura.
El atentado de este jueves se produce en momentos en que la monarquía de Mohamed VI parecía dispuesta a iniciar una serie de reformas reclamadas en tumultuosas protestas populares, como las que vienen teniendo lugar en numerosos países árabes. Este atentado, haya sido o no realizado por Al Qaeda, sólo puede ayudar precisamente a los que quieren impedir a toda costa que se avance en un proceso democrático.