Autor: Dr. Martín Nizama-Valladolid*
La trágica muerte del joven estudiante universitario, Walter Oyarce Domínguez (WOD, 24 años), apasionado del fútbol e hincha del Club Alianza Lima, ocurrida en la noche del 24 de setiembre en el Estadio Monumental, cuando se jugaba el minuto final del clásico del fútbol peruano, entre Universitario de Deportes y Alianza Lima, que ganaron los primeros por 2 a 1, amerita un análisis psicosocial de lo que viene sucediendo en nuestra sociedad, en la cual impera la violencia indiscriminada que se expresa mediante diversas modalidades. ¿Acaso estamos rumbo a convertirnos en una sociedad caníbal?
El Homicidio
El joven universitario WOD, agitaba una bandera blanquiazul en el palco suite C 128 (alquilado) que ocupaba, alentando a su equipo que estaba perdiendo el clásico. Esta conducta legítima excitó los ánimos de unos 20 hinchas del equipo rival que se encontraban en los palcos vecinos, originándose una brutal gresca con los ocho barristas aliancistas que ocupaban el palco C 128, en medio de la cual, según manifestó un testigo presencial, WOD fue arrojado (7.25 pm) como un “paquete de basura” desde unos 10 metros de altura, del palco donde se encontraba hacia el pavimento de la Tribuna Sur, por dos enardecidos barristas cremas. Luego de perpetrado el acto criminal no hubo detenidos, lo cual refuerza la consabida impunidad. Minutos después WOD falleció a las 7.45 pm, cuando agonizante era conducido al Hospital de Ate Vitarte, como consecuencia del traumatismo encéfalo craneano grave, politraumatismo y fracturas múltiples que le causaron hemorragia masiva, tras el feroz ataque del que fuera víctima.
Luego, los paramédicos informaron que cuando WOD estuvo tirado en el pavimento de la Tribuna Sur, algunos “palquistas” le arrojaron cerveza desde sus confortables ubicaciones. También, denunciaron que en circunstancias que trasladaban a WOD al Hospital, habían sido atacados por fanáticos que les lanzaron piedras, retardándoles la circulación vehicular. Queda claro, pues, que en esta oportunidad los que perpetraron el repudiable crimen no fue el lumpen barrista. Fueron personas pertenecientes a familias pudientes, usuarios de palcos propios o alquilados. Lo cual, una vez más, demuestra que en nuestra sociedad, la vida no vale nada de nada. Y, con excepción del Presidente de la República, las autoridades pertinentes se hicieron los muertitos, puesto que su silencio fue sepulcral durante las primeras 72 horas.
Animalización
La intoxicación masiva por alcohol u otras sustancias psicotóxicas puede “decorticar” a la persona, bloqueándose la racionalidad, la objetividad y la sensibilidad humana. La corteza prefrontal es la sede de la razón, la escala de valores y del control de los instintos, impulsos, deseos y emociones primarias. Dicha corteza filtra las tendencias primitivas procedentes del cerebro reptil y primate del humano. Cuando el individuo se encuentra con efectos de alcohol, cocaína, marihuana, PBC u otras sustancias psicotóxicas, pierde la racionalidad, la sensibilidad humana y el autocontrol de los impulsos agresivos y homicidas. Así, se deshumaniza y a la par se animaliza; tornándose insensible, carente de empatía, compasión y autocontrol, capaz de perpetrar crímenes feroces. Este es el canibalismo en la sociedad postmoderna.
Multicausalidad
Las causas de la violencia indiscriminada son múltiples: odio, intolerancia, soberbia,narcicismo, envidia, venganza, rivalidad, crisis pasionales, codicia, lucha de poder, protagonismo, fundamentalismos (ideológico, religioso, político), dogmatismo, narcotráfico, adicciones u otros trastornos mentales y de personalidad; por ejemplo, psicopatía. Igualmente, en la sociedad del crecimiento, el desarrollo y la prosperidad, la institución familiar se ha extinguido en el primer mundo y se ha desnaturalizado en el tercer mundo en el cual su misión es asistencial, utilitarista, proveedora de confort y sede de la banalidad.
Modalidades de Violencia
En la sociedad postmoderna coexisten diversas modalidades de violencia: cotidiana, familiar, urbana, escolar, mediática, política, en el transporte y en el tránsito, en los estadios deportivos, desde las cárceles, mobbing (asedio laboral), acoso sexual, bullyng (acoso escolar), delincuencia, marcas, reglaje, pandillaje, barras bravas, terrorismo blanco, terrorismo armado, secuestros, sicariato y asaltos, entre otras calamidades que tienen intimidada a la colectividad y a la familia.
Antecedentes
La violencia en los estadios y fuera de ellos es una patología social deportiva, una costumbre criminal con antecedentes nefastos recientes en nuestro medio. Así, el 12 de abril de 1997, murió el barrista de Universitario de Deportes, Víctor Aparca Huamaní (18), en una guerreada entre hinchas de ese equipo y del Sport Boys en los exteriores del Estadio Nacional. El 20 de enero del 2007, el barrista de Universitario de Deportes, Diego Flores Sanz, atacó con cuchillo a un hincha del Club Sport Boys, durante un partido amistoso en el Estadio Monumental, y el 24 de octubre del 2009, la contadora María Paola Vargas Ortiz (25) fue arrojada de una coaster en marcha por Ronny Ramos Pérez, “Bolón”, barrista crema. Ella murió al día siguiente (El Comercio, 25 de setiembre, 2011). Con estas tragedias las autoridades no reaccionaron.
Indignación Social
La sociedad peruana ha reaccionado con justificada indignación ante este asesinato abominable. La opinión pública se ha expresado a través de los medios y de las redes sociales; ha condenado este hecho trágico exigiendo medidas correctivas efectivas al Estado y a las autoridades deportivas; desde el cierre del Estadio Monumental, erradicación de las barras bravas, leyes drásticas y cadena perpetua para los homicidas, hasta la suspensión del campeonato de fútbol profesional, convertido en antro donde campea la corrupción, la violencia y las adicciones, sea en los estadios, locales institucionales y barras bravas.
Consecuencias
El miedo colectivo es la principal consecuencia de esta grave patología social. Cuando hay partidos de fútbol la gente siente miedo. Las barras bravas, cual manadas de hienas humanas se apoderan de las calles, donde asaltan a los transeúntes, agrediéndolos. Los centros comerciales y tiendas cierran presurosos sus puertas, lo cual afecta las ventas. La afición se inhibe de acudir a los estadios por miedo a ser agredida. La inseguridad ciudadana se convierte así en un factor de anomia (caos) y disrupción social.
Colofón
Corresponde al Estado, la sociedad civil organizada, la familia e instituciones educativas afrontar conjuntamente, de inmediato, de manera integral y drástica esta grave patología social tanática (mortal).
*Médico Psiquiatra. Experto en Adicciones. Profesor Principal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Asistente del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado-HideyoNoguchi”. Miembro del Staff Médico de la Torre de Consultorios Anglo Americana. San Isidro. Director de la Clínica Nizama, especializada en Adicciones. E-mail: maniva@terra.com.pe
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